En Tamaulipas hay tres Poderes, pero conviene no confundirse: son tres sillas alrededor de una misma mesa, y la cabecera tiene nombre.
Américo Villarreal preside un trinomio que, visto de lejos, parece orquesta afinada. Visto de cerca, es otra cosa. La separación de poderes, en territorio morenista, funciona como esos hermanos que viven bajo el mismo techo: cada quien tiene su cuarto, pero todos esperan la señal del mismo padre antes de levantarse de la mesa.
Tania Contreras encabeza el Poder Judicial después de haber sido consejera jurídica del propio gobernador. Difícil pedirle distancia a quien ayer redactaba los acuerdos del jefe. Humberto Prieto manda en el Congreso, sí, pero su brújula apunta a Reynosa y al 2027, y eso lo vuelve aliado y aspirante al mismo tiempo: una combinación que en política suele terminar en frío.
Lo que algunos leen como pleito, yo lo leo como aritmética. Cuando un gobernador entra a su tramo final, deja de repartir abrazos y empieza a repartir disciplina.
La reforma electoral, no reelección, no nepotismo, es ese balde de agua helada: ordena al legislador ambicioso, acota a los “barones” municipales y, de paso, alcanza hasta los apellidos de casa.
Nadie se enfría porque se pelee; se enfría porque entiende que el pastel de la sucesión ya tiene rebanadas marcadas. ¿Hay problemas en el paraíso? Aún no. Hay algo más interesante: hay cálculo. Los tres saben que la unidad de hoy es la moneda con la que se compra el lugar de mañana. Por eso sonríen en las ceremonias y miden cada gesto fuera de cámara.
En Tamaulipas no truena la tormenta. Solo bajó la temperatura.
OLGA SOSA PONE A TAMAULIPAS EN LA MESA DEL T-MEC
Mire usted: cuando se habla del T-MEC en Washington, no se habla de un tratado abstracto. Se habla de si el tráiler seguirá cruzando por Nuevo Laredo, de sí la maquila de Reynosa seguirá contratando, de sí Matamoros seguirá siendo puerta y no muro. Eso, y no la letra chiquita, es lo que está en juego.
Por eso no es dato menor que Roberto Lazzeri llegue a la embajada de México en Estados Unidos justo ahora, a semanas de que arranque, el 1 de julio, la primera revisión formal del tratado. No enviaron a un diplomático de oficio; enviaron a un economista.
Tamaulipas lo intuyó antes que muchos. Por algo fue una senadora tamaulipeca, Olga Sosa, quien defendió el nombramiento en tribuna. No es casualidad: el estado que carga sobre los hombros la frontera más comercial del país y hoy en el mundo donde todo es global, Tamaulipas no espera sentado. Negocia. Y quien tiene la puerta, tiene la palabra. Y conviene detenerse en quien empujó este nombramiento.
La senadora tamaulipeca Olga Sosa no subió a tribuna a recitar el currículum de Lazzeri por cortesía; lo leyó con ojos de frontera. Para ella, la embajada de México en Estados Unidos no es un cargo más del organigrama: es la oficina donde se defienden, al mismo tiempo, tres cosas que a Tamaulipas le importa.
La primera, los paisanos, que alguien vele por los derechos de la comunidad mexicana más grande fuera del país y mantenga viva esa red consular que, para una familia en apuros del otro lado, es la diferencia entre estar sola o estar acompañada.
La segunda, el comercio, porque es en esa silla donde se acompaña la revisión del T-MEC, el tratado del que cuelgan la competitividad, el crecimiento y, en palabras llanas, los empleos de la región.
Y la tercera, la idea de fondo: una política exterior soberana e independiente, pero que tiende puentes en lugar de levantar trincheras.
Su visión, en pocas palabras, es la de una diplomacia que no presume, que trabaja; que no se mide por los discursos, sino por los acuerdos que destraba y las inversiones que atrae.
¡¡Yássas!!
