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Opinión

La salud mental cabe en la ley, pero no en el presupuesto

Protágoras

Hay tragedias que caben en un dato y otras que no caben en ninguna ley. 

El sábado, en la colonia Los Olivos de Nuevo Laredo, un niño de 11 años se quitó la vida. Once años. La edad de andar en bicicleta, no de cargar un dolor que ni los adultos saben nombrar. 

Y aquí viene lo incómodo. Tamaulipas presume, con razón, una de las leyes de salud mental más modernas del país, aprobada por unanimidad en marzo. Consejo estatal, protocolos escolares, líneas de auxilio. En el papel, un dineral de buenas intenciones. 

En la realidad, el presupuesto estatal para salud mental y adicciones pasó de 617,000 pesos en 2024 a 300,000 en 2025. La mitad. Para un estado de tres millones y medio de personas, eso no es apretarse el cinturón: es una cubeta para apagar un incendio. 

Una ley sin recursos es como un coche de lujo sin gasolina: luce bonito en la cochera, pero no lleva a nadie a ningún lado. El Congreso ya hizo lo fácil: legislar. Falta lo difícil: pagarla. Porque a un niño no lo salva una gaceta oficial. Lo salva alguien que llegue a tiempo.

EL CORAZÓN QUE NO ALCANZA PARA DOS

En Nueva Ciudad Guerrero, Tamaulipas, un pueblo fronterizo pequeño, pasó algo más grande que una cabalgata. La tradición de San Juan, con más de siglo y medio a cuestas, sirvió de escenario para una postal que la clase política tamaulipeca llevaba meses esperando: Carmen Lilia Cantú Rosas y Olga Sosa, frente a frente, sonriendo. ¿Por qué importa una foto a caballo? 

Porque las dos quieren lo mismo: la candidatura de Morena a la gubernatura. Y porque las dos abrazaron el mismo símbolo, el corazón. Carmen Lilia lo presume desde hace años, es prácticamente su escudo en Nuevo Laredo; Olga lo adoptó después. Dos productos distintos con la misma etiqueta. En política, como en el supermercado, cuando dos marcas usan el mismo logo, el que se confunde es el cliente: el votante. 

Aquí está el punto ciego. Mientras el gobernador Américo Villarreal pide a sus corceles que no se adelanten, que aún no suena la campana, ellos ya salieron de la caballeriza. El pueblo anfitrión, gobernado por Laura Peña Martínez, se volvió por un día el ring neutral donde se mide el poder estatal. 

La cabalgata fue eso: una pasarela disfrazada de folclor. Nadie montó por devoción a San Juan; montaron para que los vieran montar. 

Y ojo con el fondo. La sucesión en Tamaulipas viene cargada de sombras: audios filtrados, “fuego amigo” y la palabra que nadie quiere pronunciar, huachicol. Por eso una fiesta limpia, con taquiza y bendición, es el mejor maquillaje. Lo bonito de adelante tapa lo turbio de atrás. La escena prometía incendio y terminó en abrazo. Pero que nadie se confíe: dos boxeadores también se tocan los guantes antes del primer round. El verdadero pleito no fue hoy. Hoy solo se midieron. Y el corazón, ya se vio, no alcanza para dos.

¡¡Yássas!!

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