De qué se están muriendo los mexicanos (y por qué también nos está quebrando)
Inteligencia Financiera Global
En México, la principal causa de muerte no es la violencia ni las epidemias, sino algo mucho más silencioso: las enfermedades del corazón. Así lo confirman los datos del Inegi correspondientes al periodo de enero a junio de 2025. A estas le siguen la diabetes, los tumores malignos, las enfermedades del hígado, los accidentes, la neumonía, los padecimientos cerebrovasculares, los homicidios, las enfermedades pulmonares crónicas y la insuficiencia renal.
La lista no solo es alarmante por su volumen, sino por un detalle aún más incómodo: muchas de estas muertes son prevenibles.
Este no es un artículo de salud pública. Es un artículo de economía real. Porque en México, enfermarse —y sobre todo enfermarse gravemente— no solo pone en riesgo la vida, sino que puede destruir por completo el patrimonio de una familia.
Salud pública deteriorada, riesgo privado creciente
El discurso oficial insiste en que el país avanza hacia la “universalización” de la atención médica. En los hechos, esto significa ampliar el acceso nominal a un sistema que ya está rebasado. El IMSS y el ISSSTE apenas logran atender a sus derechohabientes actuales. Las listas de espera, el desabasto y la saturación hospitalaria son parte de la experiencia cotidiana.
Pretender que, por decreto, el problema desaparece es maquillar la realidad.
Cuando el sistema público falla —y falla con frecuencia— la alternativa es la atención privada. Y ahí es donde la salud se convierte en un riesgo financiero extremo. Una enfermedad grave, un accidente o una cirugía urgente pueden consumir años de ahorro en cuestión de semanas. En muchos casos, llevan directamente a la quiebra.
La historia reciente lo dejó claro durante la pandemia: la mortalidad fue significativamente mayor en hospitales públicos que en privados. No por maldad, sino por capacidad, recursos y tiempos de respuesta.
El error cultural: “no lo necesito”
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 revela un dato inquietante: uno de cada tres mexicanos afirma no tener seguros porque “no los necesita” o “no le interesan”. No porque no pueda pagarlos. No porque no se los hayan ofrecido. Simplemente porque no los considera relevantes.
Es una percepción profundamente equivocada.
Los seguros no son una inversión. No están diseñados para generar rendimientos. Son un instrumento financiero indispensable para evitar que un evento adverso destruya todo lo demás. El seguro de vida protege a quienes dependen de ti. El seguro de gastos médicos protege tu patrimonio cuando tu cuerpo falla.
Y el problema se agrava: los costos de los seguros médicos van a subir. La presión fiscal sobre las aseguradoras, el deterioro del sistema público y el envejecimiento de la población están creando una tormenta perfecta. La inflación médica será superior a la inflación general en los próximos años.
Esperar no abarata el problema. Lo encarece.
Prevención: la más barata y la más ignorada
Hay dos tipos de prevención que en México se descuidan sistemáticamente.
La primera es la física: alimentación, ejercicio y reducción del sedentarismo. No elimina el riesgo, pero lo reduce de forma significativa y, paradójicamente, es más barata que curarse.
La segunda es la financiera: contratar seguros antes de necesitarlos. Informarse, comparar coberturas, elegir niveles hospitalarios adecuados. No esperar a que “te los ofrezcan”, sino buscarlos activamente.
La falta de información tampoco es excusa: un porcentaje relevante de la población admite no tener seguros simplemente porque no sabe cómo funcionan o dónde contratarlos. Eso habla de un problema de cultura financiera, no de acceso.
Morir antes o quebrar después
Claro: ni siquiera el dinero compra la salud. Steve Jobs, aquel gran empresario creador de Apple, por ejemplo, no pudo comprar ni juventud ni vida con su fortuna y dejó este mundo apenas a los 56 años. Una lamentable pérdida, como la de cualquier vida. Pero, aunque el dinero no garantiza nada, la ausencia de protección financiera sí puede acelerar el deterioro y multiplicar el daño.
En México, la combinación de enfermedades prevenibles, un sistema de salud deteriorado y una baja cultura de aseguramiento está creando una crisis silenciosa. No aparece en titulares espectaculares, pero cobra vidas y patrimonios todos los días.
La conclusión es incómoda, pero clara: cuidar la salud hoy es una decisión económica. Ignorarla no es valentía ni ahorro. Es una apuesta peligrosa, con probabilidades en contra.
Porque cuando la salud se pierde, el problema ya no es cuánto tienes, sino cuánto te queda. Y muchas veces, no queda nada.
