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Opinión

El poder que emana de la silla presidencial

Hamlet Política

No recuerdo una sola campaña en la que haya participado, y les aseguro que son muchas en casi cuatro décadas donde el agua de uso corriente no sea la tensión, la histeria, la excitación.

Y no puede ser de otra manera, así sea la más modesta de las regidurías del país, lo que está en juego es el bienestar de quienes buscan ese espacio y, por supuesto, el poder que emana de la silla.

Se imaginan, lo que está dispuesto a realizar algún aspirante a regidor con tal de salirse con la suya y tener ingreso, y eso es sólo el principio.

Subámosle de tono y pensemos en un candidato a diputado local, federal, un alcalde, un senador, un gobernador y, en su caso, ir en pos de ser presidente de México y, al mismo tiempo, comandante supremo de las fuerzas armadas de este país.

No está en juego ser el rey o la reina de una feria popular, aunque lo parezca; no el liderazgo de un preescolar, una prepa, alguna una facultad, club social, agrupación religiosa o alguna logia pública o secreta.

Ser titular de la más alta la magistratura, es tener la facultad que te presume “señor(a) y dador de vida”, desde el principio de los tiempos, donde lo que cambia es el formato, democracia o rey Luis XIV de Francia.

Por eso el ruido, los extremos, las lastimaduras, y la ruta natural que se adjudica en interpretación a tantos sabios sobre la política, donde la premisa general es que ser bueno es ser malo.

Caray, vaya letal expresión: “El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra”, dijo Nicolás Maquiavelo.

“La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad”, añadió.

Nada más asómense a los partidos y verán el grado de mezcla que existe entre estulticia y soberbia y verá lo que muchos están dispuestos a realizar para conseguir/conservar ese efímero poder.

Ya decía San Agustín, aquí lo hemos colocado en plan estelar.  “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.

No hablaremos de casos en particular, pero es evidente que el roce y las ganas de hacer lo que se ocupe es natural en los seres humanos, en este que es el deporte más cruento de todos.

El futbol, el americano, el beisbol, el ajedrez, son cosa de bobos comparados con la política, los riesgos y lo que está en andamiaje negativo para lograr los objetivos bajo la frase trampa de hágase lo que se deba, aunque se deba lo que se haga.

Claro está, siempre hay facturas, siempre hay consecuencias, y todas las pagamos, medios, políticos y lerdos del poder, porque de esto nadie escapa.

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