Hay ciertos colegas que están molestos por un anuncio reciente del gobernador Samuel García durante su gira en Nueva York.
Informa el mandatario que Nuevo León será el primer estado en construir robots humanoides, porque se instalará en nuestras tierras la empresa Reflex Robotics.
Ignoro por qué el enojo, pero puedo imaginarlo. De hecho, la respuesta al enfado la da Nicolás Maquiavelo en su libro El Príncipe.
“Debe notarse bien que no hay cosa más difícil de manejar, que el obrar para introducir nuevas ideas”, dice Maquiavelo. Y continúa: “Tiene el introductor por enemigos a cuantos sacaron provecho de las antiguas ideas, mientras que los que pudieran sacar el suyo de las nuevas no las defienden más que con tibieza. Semejante tibieza proviene en parte de que ellos temen a sus adversarios que se aprovecharon de las antiguas ideas, y en parte de la poca confianza que los hombres tienen en la bondad de las cosas nuevas, hasta que se haya hecho una sólida experiencia de ellas”.
Comprensible que la mera idea de un robot humanoide, es decir, un tipo de robot diseñado para imitar la forma y el comportamiento del cuerpo humano, cause extrañeza e incluso horror en algunas mentes de colegas.
Parece de ciencia ficción que una estructura metálica sea similar a la nuestra: cabeza con sensores para percibir el entorno —como cámaras para la visión—, un torso más robusto que el nuestro, dos brazos para manipular objetos y dos piernas para moverse de manera bípeda.
¿Por qué se crean estas criaturas de metal? Para realizar tareas cotidianas, asistir en industrias como la manufactura, la atención médica o el entretenimiento, y avanzar en la investigación de la inteligencia artificial y la robótica.
Además, se traen más inversiones al estado. Y eso siempre será bien recibido. Sobre todo en estas épocas.
No es mala idea la del gobernador, simplemente tendrán que hacerse “una sólida experiencia de ella”, como dice Maquiavelo.
