En las últimas semanas se ha instalado en nuestro país una preocupación legítima ante distintas amenazas que atentan contra la soberanía nacional. No es un tema menor como lo hemos visto antes.
La historia de México nos ha enseñado, una y otra vez, que cuando se pone en riesgo nuestra capacidad de decidir como nación, lo que está en juego no es solo un gobierno o una coyuntura política, sino el bienestar mismo del pueblo mexicano.
Frente a ese escenario, es comprensible que surjan la ansiedad y el temor. Sin embargo, hoy más que nunca, México necesita serenidad, claridad y, sobre todo, unidad nacional. Unidad por encima de las diferencias ideológicas, de las legítimas discrepancias partidistas y de los debates propios de una democracia viva. Unidad para defender lo que nos pertenece a todas y todos: nuestra soberanía.
Por esa razón, el pasado domingo 11 de enero acompañé a mis compañeros y compañeras de movimiento en una de las más de 300 Jornadas Informativas en Defensa de la Soberanía que se llevaron a cabo a lo largo y ancho del país. Desde Apodaca, Nuevo León, cerramos filas con México y con nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, en un ejercicio de reflexión colectiva, responsabilidad histórica y compromiso con la nación.
No se trató de un evento partidista. No fue un mitin ni una consigna electoral. Fue un llamado a la conciencia nacional a través del diálogo comunitario. Un espacio para hablar sobre nuestra historia, sobre las luchas que nos han permitido existir como un país libre y soberano, y sobre un principio irrenunciable: el derecho de los pueblos a decidir su presente y su futuro sin injerencias externas.
México es hoy una democracia dinámica y plural. Existe oposición, hay debate público y confrontación de ideas, como debe ocurrir en cualquier sistema democrático sano. Pero también estoy convencido de que, más allá de las diferencias, existe el consenso de que nuestro país no debe ser amenazado bajo ninguna circunstancia.
La soberanía no se negocia, no se menoscaba ni se relativiza.
El pueblo mexicano tiene el derecho inalienable de decidir su forma de gobierno, el uso de sus recursos naturales, su modelo de desarrollo y el rumbo de su política económica y social. Defender la soberanía es defender esa capacidad de decisión. Defender la soberanía, sobre todo, es defender la dignidad nacional. Es rechazar cualquier intento de imposición que pretenda vulnerar nuestra autonomía como Estado.
Por eso las Jornadas Informativas fueron tan relevantes. Porque no se puede defender lo que no se conoce. Es fundamental que todas y todos los mexicanos comprendamos qué es la soberanía, por qué es importante protegerla y por qué no debemos caer en discursos falsos que buscan justificar su debilitamiento bajo argumentos económicos, ideológicos, políticos o de supuesta conveniencia.
México está listo para defenderse. Y cuando digo defenderse, no hablo de confrontación ni de violencia. No se trata de soldados ni de armas. Se trata de la fuerza de la razón, de la palabra, del diálogo y del corazón de un pueblo consciente de su historia y de su valor.
Hoy no son tiempos de confrontación interna. No es momento de dividirnos ni de anteponer colores partidistas. Hoy es tiempo de unidad nacional. De cerrar filas por México y con nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum.
Hoy son tiempos de entender que, frente a las amenazas externas, la mayor fortaleza de nuestro país sigue siendo su pueblo.
