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Opinión

Desaira gubernatura

Pensando en La gente

Una vez consumada su victoria por medio del Plan de Agua Prieta, proclamado el 23 de abril de 1920 para desconocer al presidente Venustiano Carranza y a su sucesor Ignacio Bonillas, Álvaro Obregón se dio a la tarea de remover de su cargo a los gobernadores que no reconocieron su plan, declarando la desaparición de poderes. En el caso de Nuevo León, la designación recayó presumiblemente en el Dr. Domingo Valdés Llano, quien se desempeñaba como alcalde de Monterrey; aunque aceptó el nombramiento, a los pocos días se retractó por medio de una carta dirigida al Caudillo de la Revolución. Veámoslo a continuación.

El 12 de mayo de dicho año, el Gral. Félix G. Lozano ocupó la plaza de Monterrey en nombre del referido plan; destituyó de la gobernatura al Gral. José E. Santos, quien había iniciado su mandato el 4 de octubre de 1919, y ocupó dicho puesto mientras se designaba al nuevo mandatario estatal.

Se supone que, en los primeros días de dicho mes, Obregón estuvo analizando diversos perfiles de nuevoleoneses que pudieran hacerse cargo del Ejecutivo estatal, como el alcalde regiomontano Dr. Valdés Llano. Aunque éste participó con los constitucionalistas, también formaba parte de la élite empresarial, estaba emparentado con la familia Madero y fue comisario del Banco Nuevo León; esperando conciliar intereses con este poderoso grupo, fue que se le propuso ocupar el gobierno estatal. Era, en ese momento, uno de los políticos con mayor presencia por ser el munícipe de la capital del estado.

El ungido desairó la invitación del jefe sonorense mediante una carta fechada el 1 de junio de 1920, en la que transcribió el contenido del oficio que, con la misma fecha remitió al presidente provisional Adolfo de la Huerta (1 de junio-30 de noviembre de 1920) designado por el Congreso de la Unión para reorganizar el gobierno, lograr la paz interna y convocar a elecciones generales para renovar el Poder Ejecutivo y Legislativo, tras el asesinato de Carranza ocurrido el 21 de mayo de ese año.

El texto está dirigido a los generales De la Huerta y Álvaro Obregón: “En momentos en que el estado de Nuevo León, junto con el resto de la República, atravesaba por una situación difícil en virtud de los acontecimientos recientes, fui honrado por autoridad competente, según el Plan de Agua Prieta, con el nombramiento de gobernador provisional de ese estado, cargo que acepté con el propósito de servirlo patrióticamente; pero, en atención a que con posterioridad se ha sugerido la conveniencia de resolver el problema de ese estado con estricta sujeción a las disposiciones de la Constitución del mismo, que debe considerarse en vigor por virtud de la toma de posesión del C. Presidente Sustituto de la República, siendo yo partidario ardiente del régimen constitucional, he determinado renunciar a aquella honrosa designación, protestando desde ahora mi acatamiento y respeto al gobernador que constitucionalmente se nombre, como lo demanda el interés público… Me lamento no haber tenido ocasión de colaborar por el bien de mi estado natal en su gobierno (…) Y ahora… ya que está usted investido de la Suprema Magistratura de la República (se refiere a De la Huerta), tengo el honor de poner a la disposición de Ud. mis escasas aptitudes para colaborar honrada y patrióticamente en la reconstrucción nacional, coadyuvando en todo aquello que tienda al mejoramiento y desarrollo de nuestro amado país… ya que por mil diversas circunstancias, ha permanecido en un estancamiento verdaderamente deplorable, a pesar de las brillantes oportunidades que han estado presentándose en los últimos tiempos para un surgimiento extraordinario.

Sírvase Ud., señor presidente, aceptar mi sincero reconocimiento por el alto honor que tuvo a bien otorgarme, con las seguridades de mi distinguida y respetuosa colaboración”.

En cuanto al Gral. Obregón, solamente le agradece haberlo contemplado para el cargo, despidiéndose de manera cordial: “al transcribirlo a Ud., me proporciono la oportunidad de significarle mi agradecimiento por haberse Ud. servido iniciar al Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucionalista mi nombramiento de gobernador provisional de Nuevo León y, al propio tiempo, manifestarle mi adhesión, que le ruego se sirva aceptar con las seguridades de mi alto aprecio y distinguida consideración”.

En estas circunstancias, el 13 de mayo de 1920, el Gral. Porfirio G. González asumió la gubernatura provisional de Nuevo León, en cumplimiento al Plan de Agua Prieta, permaneciendo hasta el 5 de febrero de 1921, fecha en que entregó el mando a Juan M. García.

Acontecimientos posteriores en los que se vio envuelto el Dr. Valdés Llano dejarían en evidencia su aversión a las fuerzas obregonistas locales a las que se opuso tenazmente en las posteriores contiendas electorales, haciendo uso indebido de su función de alcalde para obstaculizar a sus adversarios.

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