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Opinión

Del enamoramiento a la verdad

Columna Invitada

Toda relación de pareja atraviesa un ciclo natural que no siempre se vive con conciencia. Muchas veces se interpreta la crisis como un error o un fracaso, cuando en realidad es una etapa inevitable del vínculo. 

El amor no es una línea recta, sino un proceso que se transforma con el tiempo. Comprender este ciclo permite dejar de luchar contra lo que cambia. Y empezar a preguntarse qué pide hoy la relación.

La primera etapa es el encuentro o enamoramiento. En este momento aparece la sensación de haberlo encontrado todo en el otro. La pareja parece completar lo que faltaba, calmar lo que dolía, responder a una necesidad profunda. 

Detrás de esa elección suele haber una historia personal que busca reparación. Preguntarse qué necesidad emocional te llevó a elegir a esa persona abre una puerta de autoconocimiento.

En el enamoramiento no sólo vemos al otro, también vemos nuestras proyecciones. Idealizamos, imaginamos, construimos una imagen cargada de ilusión. El otro se convierte en promesa, en refugio, en respuesta. No es mentira lo que se siente, pero sí es parcial. En esta etapa se ama desde lo que se necesita más que desde lo que se es. Y eso es parte del proceso.

Luego aparece el vínculo de estabilización. La relación se vuelve más cotidiana, más real, más conocida. Ya sabemos cómo estar juntos, cómo discutir, cómo reconciliarnos. La pareja deja de ser fantasía y se convierte en presencia concreta. Aquí surge una pregunta clave: ¿cómo ves hoy a tu pareja?, ¿desde la ilusión o desde la realidad? Esta etapa invita a mirar sin adornos.

Con el tiempo, llega la crisis o ruptura simbólica. Algo se rompe, aunque no siempre sea la relación. A veces se quiebra la imagen perfecta, la promesa inicial, la ilusión de que el otro llenaría todos los vacíos. Esta ruptura duele porque confronta expectativas.

Preguntarse qué parte de esa imagen sigue vigente y cuál ya no coincide ayuda a transitar la crisis con mayor conciencia.

En la crisis también aparece la pregunta por la mayor ilusión. ¿Qué esperabas que fuera esa relación?, ¿qué creías que iba a salvar, sanar o completar? No para culpar al otro, sino para comprender el lugar que ocupó en tu historia emocional. La crisis no llega para destruir, sino para revelar. Muestra lo que ya no funciona y lo que necesita transformarse.

Después de la crisis, se abre la etapa de reparación o separación. Aquí la pareja decide cómo seguir desde lo que es ahora, no desde lo que fue. Reparar implica aceptar al otro con límites, diferencias y realidad. Separarse también puede ser una forma de honestidad emocional. Ambas opciones requieren conciencia y responsabilidad afectiva.

El ciclo de la pareja no busca finales felices perfectos, sino vínculos más reales. Cuando se transita con reflexión, cada etapa deja aprendizaje. Amar no es sostener la ilusión a toda costa, sino actualizar el vínculo con el tiempo. A veces, crecer juntos es posible; otras, crecer implica soltar. En ambos casos, el amor deja huella cuando se vive con verdad.

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