Empecemos por lo obvio, porque lo obvio es lo que más se nos escapa: la frontera de Tamaulipas no es de Tamaulipas. Es de México.
Todo lo que ocurre en esa línea tiene, al cien por ciento, un cordón umbilical con la Federación. Ahí está el punto ciego.
La tratamos como una caja registradora: cobrar impuestos, cobrar cruces, cobrar servicios. Pero la frontera no es una caja registradora, es la sala de urgencias del país y requiere atención, atención y más atención. Piénselo como una casa con dos puertas. Una da al jardín; la otra, a la avenida más transitada del continente.
¿A cuál le pondría usted la mejor cerradura, la mejor luz, el mejor mantenimiento? Nosotros, curiosamente, dejamos esa puerta como el patito feo del país: sin equidad, sin cultura económica, compitiendo en desventaja contra el mercado más grande del mundo. Y luego nos sorprende que la inversión se vaya del otro lado.
Lo que la frontera necesita es un plan binacional de verdad, con equidad, no con migajas. Por si fuera poco, ahora nos vigilan como nunca, ya que Trump presume su “muro inteligente”, y la sorpresa no es el acero: es lo que trae adentro, torres autónomas que escanean el terreno, analizan con inteligencia artificial lo que ven y avisan solas a la Patrulla Fronteriza cuando algo les parece sospechoso. Cables de fibra óptica enterrados que sienten los pasos, y boyas cilíndricas en los ríos de Texas. Ya no es una barda: es un sistema nervioso que ve, oye y decide. Y cada vez más, quien decide es un algoritmo. Los expertos ya advirtieron que esa tecnología puede cargar sesgos.
El dato picante: mientras México trata su frontera como patito feo, del otro lado se gastan $46,500 millones de dólares en amurallarla justo cuando los cruces están en su nivel más bajo en décadas. Desde que Trump volvió, ya levantaron 119 kilómetros nuevos, casi diez por semana… contra un problema que ya venía cayendo. El muro más caro de la historia ya no se mide en toneladas de cemento, sino en horas de video. Y en el silencio de este lado.
CARLOS IRAM NO MANDA OFICIOS, DA LA CARA
Hay funcionarios que gobiernan por oficio y otros que gobiernan por teléfono, encerrados, firmando desde el escritorio. Y luego está el que se pone los zapatos y va. Este viernes, el secretario de Finanzas de Tamaulipas, Carlos Irán Ramírez González, hizo lo propio: fue en persona a la asamblea del Colegio de Notarios de Matamoros. No mandó un oficio. Fue. Ahí está la diferencia.
Un secretario de Finanzas podría limitarse a cobrar y punto, ser el señor de la caja registradora. Ramírez González entendió algo más fino: que las finanzas sanas no se construyen solo con números, sino con confianza. Y la confianza no se decreta, se cultiva cara a cara.
Pongámoslo en cristiano. Los notarios son quienes le dan certeza a lo más caro que usted tiene: su casa, su herencia. Que el encargado del dinero público se siente con ellos, los escuche y vigile de cerca esos procesos, no es un trámite: es cercanía con propósito. Es el estilo que impulsa el gobernador Américo Villarreal, gobierno que toca puerta, y que Carlos Irán ejecuta con oficio. El dato picante, a su favor: en política mexicana, sobran los funcionarios de Finanzas temidos y ausentes. Los cercanos se cuentan con los dedos. Ramírez González eligió el camino difícil, el de dar la cara, y ese, curiosamente, es el que más rinde en confianza.
¡¡Yássas!!
