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Opinión

Semillas blancas

Viviendo Zen

Cada día tenemos infinidad de oportunidades, para hacer cosas que dejen huella positiva en los demás.
 
Corría el año del 2007 cuando buscando en una librería mi siguiente libro a leer, encontré un ejemplar de pastas color magenta con naranja titulado En defensa de la felicidad y en su portada aparecía el rostro de su autor: El monje Matthieu Ricard.

Tal vez ese libro ha sido para mí una de las mayores inspiraciones en el desarrollo de mi camino espiritual, lo he leído completo tres veces y en algún momento regresaré a su lectura completa una vez más, ya que para mí es sumamente exquisito y esclarecedor.

Después de leer este libro seguí con El monje y el filósofo, El arte de la meditación, El infinito en la palma de la mano, En defensa de los animales y en mi librero, aún sin terminar: En defensa del altruismo.

En cada uno de estos libros el maestro Ricard, destila no sólo sabiduría sino respaldo científico que sustenta sus comentarios y reflexiones y entre todos los conceptos que esta sabiduría doblemente milenaria propone, es el concepto de las semillas blancas.

Este concepto budista fue introducido en las enseñanzas tibetanas por el maestro indio del siglo IX Atisha, que fue quien más difundió las enseñanzas budistas en el Tíbet de hombres nómadas guerreros y una de sus enseñanzas más importantes es El entrenamiento mental en siete puntos.

Y entre las fortalezas mencionadas en este entrenamiento se encuentra la propuesta de desarrollar de manera comprometida y estructurada acción para el bienestar de los demás.
Acciones que sean benéficas, pero además libres de apropiación o narcicismo, acciones de pensamiento, palabra y obra, ya que desde estas enseñanzas todo suma… o todo resta… para nuestro bienestar y el de los demás.

Lo anterior es el concepto de semillas blancas, pero tal vez este concepto tiene agregado un ingrediente más poderoso y se refiere al hecho de “sembrar la semilla blanca” pero no quedarnos a esperar su florecimiento.

Lo anterior parece obvio, pero cuantas veces no apoyamos a alguien esperando que al menos reconozca el apoyo, o sin importar si lo agradece o no, esperamos que dicha acción genere frutos evidentes casi al momento para que nos sintamos satisfechos de haber ayudado.

Pues una semilla blanca es realizar una acción bondadosa y alejarse sin esperar si germina o no. Este alejamiento de los resultados no se hace porque no nos interese ver que la persona, el ser vivo o la comunidad se beneficien, sino porque ¡no hay tiempo! De detenerse a admirarlo.

Hay tanto sufrimiento, tantas heridas sin atender, que debemos seguir esparciendo semillas cada momento de nuestro corto tiempo de vida.

Así que te invito a comenzar a sembrar semillas blancas y entre todos poblar la tierra de estas pequeñas acciones positivas, ya que recordemos que el problema no es lo que hacen las personas “malas” sino lo que dejan de hacer las personas “buenas”. Hasta el siguiente momento presente.

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