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Opinión

Crisis de creatividad

Crónicas de un comelón

En un entorno saturado de referencias, crear desde cero es más difícil, y más necesario, que nunca.

Contaba Ferran Adrià que a finales de la década de los ochenta, tuvo oportunidad de ver al chef francés Jacques Maximin durante una demostración en Cannes. En esa ocasión el chef dijo: “Crear es no copiar”. Según el mismo Adrià, esa frase le causó un impacto tal que detonaría su tan singular y creativa carrera. 

Hay que entender que crear algo realmente original es increíblemente difícil. Después de estar cocinando por varios miles de años, hay muchísimas cosas que ya se hicieron. Si bien hoy la velocidad con la que se difunden las ideas, técnicas y demás conocimientos es frenética, esta no era la realidad antes de la era digital. 

Esto no quiere decir que no podrían surgir ideas similares, pero eso hace más difícil determinar de dónde salían las ideas. ¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué existen platillos tan similares a lo largo del mundo? 

Intentar replicar lo que otros establecimientos hacen, no es tampoco algo exclusivo de nuestros tiempos y el internet. Hace muchos años, en nuestra ciudad, había un restaurante especializado en cocina regional. 

Con el surgimiento de restaurantes internacionales, su apuesta para competir fue ir agregando cada vez más platillos a su carta. Eventualmente terminó con algo que prácticamente hacía que uno perdiera el concepto original. 

Recuerdo que durante los años que trabajé para un grupo de restaurantes, nos llegaban muchísimas solicitudes para hacer conceptos que fueran iguales que un cierto restaurante que estaba en boga. 

Es cierto que las redes sociales han hecho que la velocidad con la que nos enteramos de lo que está sucediendo en las cocinas sea prácticamente inmediata. 

Pero las mismas redes, a su vez, han hecho que podamos enterarnos de que prácticamente todos los restaurantes tienen platillos muy similares, al menos en la inspiración: así la alcachofa, los betabeles, las coliflores, la galleta Lotus y tantos otros ingredientes y preparaciones han tenido sus minutos de fama. 

Ciertamente, la industria restaurantera puede ser implacable, y por eso, podríamos explicar esa lógica de querer poner platillos que sintamos “seguros”, ya que han sido exitosos en otros lugares. 

En una ocasión, pude asistir a un curso con un repostero de renombre. Claramente sabía qué iba a pasar con las recetas del curso porque mencionó que habría muchas “mandarinas” (su más famoso postre) en menús. 

Al parecer, el tema de la “falta” de creatividad no es exclusivo de nuestra industria. Basta echar una mirada a lo que se está produciendo en el entretenimiento: muchísimos remakes, remasterizaciones, relanzamientos o, si no, series que hagan alusión a tiempos pasados.

Crear implica trabajo, técnica y sí, algo de riesgo, pero si no se hace, corremos el riesgo de ser uno más del montón y no necesariamente un concepto exitoso. 

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