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Opinión

Vivir perdidos

Viviendo Zen

La tendencia natural del ser humano a estar distraído se acrecienta en un tiempo como el nuestro, donde la tecnología y la información se transmiten a vertiginosa velocidad.

Desde que nos despertamos por la mañana, nos podemos subir al tren bala de piloto automático, aunque he escrito mucho sobre este tema, no deja de sorprenderme lo extremadamente fácil que se vuelve, no darnos cuenta del presente.

Hace unos días terminaba un curso y les comenté a los estudiantes que los seres humanos en general, tendemos a despreciar el presente, demeritamos las experiencias inmediatas que nos acompañan al ir tras un futuro soñado, temer a un futuro retador, o al quedarnos enredados en un pasado trágico o glorioso.

Parece que a nuestra mente el presente nunca le es suficiente, a menos que se trate de una experiencia agradable, altamente estimulante para los sentidos o la misma mente, de no ser así, ante un momento de silencio y calma, la mente, generalmente, quier escapara de ahí.

Y esa tendencia crónica a escaparnos del presente es la que termina generando cuadros de ansiedad, de depresión, de adicciones, de codependencias, en resumen: de sufrimiento.

El presente, cuando es tranquilo y apacible, se ha vuelto para la mente algo desabrido o insípido, ha dejado de conectarse con la realidad, tal cual es, a cambio de una realidad inventada, idealizada.

Por eso los videojuegos, las series, incluso, la realidad virtual, han ganado tanta popularidad, porque ofrecen algo fuera de lo cotidiano, y nosotros, mordemos el anzuelo, o mejor dicho, nuestra mente (que no es nosotros), muerde el anzuelo.

Es algo muy parecido a los niños que prefieren una paleta de caramelo, sabor fresa que un puño de fresas reales, así nosotros, dominados por una mente vagabunda y ávida, buscamos incesantemente algo que nos aleje del aburrimiento de estar presentes.

Sin embargo, en este patrón de escape de la realidad en aras de algo más agradable, aunque sea falso, hay una trampa implicada, en esta tendencia se va generando un proceso de aversión a la realidad y dependencia de estímulos agradables y este patrón, va reforzando nuestro malestar en lugar de paliarlo.

Por lo que obviamente no se trata de no esparcirse o no recordar o planear, lo cual es necesario, sino que, para ir teniendo mayor equilibrio y bienestar profundo, necesitamos darnos espacios cada vez más prolongados de solo estar “siendo”.

Así que mi propuesta es que no te consumas sólo en estar “haciendo” sino que también le vayas dando cada vez más y más cabida a estar sólo “siendo”, claro esto no quiere decir, descuidar nuestros compromisos, pero si quiere decir que no necesitamos “siempre estar haciendo algo” porque esa es la mayor trampa que nuestro ego nos tiende para seguir nublando nuestra atención y perdernos de la maravilla de la simpleza, de la maravilla del presente.

Hasta el siguiente momento presente.

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