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Opinión

Master and Commander

Cinefotógrafo y catedrático de la Carrera de Producción Cinematográfica de la UDEM. Contacto en mariogduenas@gmail.com @duenasmariog

Solo el Gran Azul doblega a los que busca hundir.

¡Atención, tripulación! Hay almas rebeldes forjadas para un destino mucho más grande que aburrirse en un escritorio en tierra firme. Nacieron para comandar desde el castillo de popa, desafiar los dominios prohibidos y navegar con el favor de Poseidón hasta domar el mismísimo Océano. 

Ese titán es Jack Aubrey: un capitán de mil batallas con más salitre que sangre corriendo por sus venas, interpretado por un Russell Crowe tan brutal que el mismísimo Davy Jones temblaría ante él.

Las guerras napoleónicas empujaron a las naciones a un choque total por tierra y mar. Aquellos novatos que ignoraban la furia del océano quedaban a merced de los cañonazos enemigos, de un maremoto implacable, de las trampas de la marea baja o, peor aún, de un “Jonás” que maldijera el viaje y mandara a pique cualquier navío.

Es justo en ese escenario épico donde el director Peter Weir nos arrastra sin piedad para sentir la brisa a barlovento. 

Nos lanza de cabeza a una persecución salvaje desde el Atlántico hasta el Pacífico, cruzando el Estrecho de Magallanes en una cacería a muerte entre el HMS SURPRISE y el temible corsario francés Acheron.

¡No bajen la guardia, marineros! No estamos ante una historia cualquiera. No hay nada más alucinante y extremo que un combate a grito pelado en medio de una marejada embravecida, listos para ser devorados por el abismo marino antes de que un proyectil enemigo nos mande al fondo.

En este punto, Weir nos sumerge de forma salvaje en pura acción, con hazañas legendarias y bajas cruentas que cuestan vidas y extremidades. Nos demuestra que el mismísimo infierno puede desatarse sobre una cubierta de madera, pero también que la muerte es eterna cuando se lucha por una gloria imperecedera.

Weir lleva esta aventura épica a otro nivel con la fotografía magistral de Russell Boyd, quien se ganó una nominación de la Academia junto al director. 

Filmada en mar abierto, en los Baja Studios y en las Islas Galápagos, la película te vuela la cabeza por su realismo absoluto. ¡Botaron al agua réplicas exactas de los barcos! Es imposible no emocionarse con semejante despliegue visual, gracias al diseño de producción de William Sandell, también nominado al Óscar.

Tenemos la combinación ideal para desatar la experiencia perfecta. En esta brutal producción destaca un riguroso trabajo de investigación sobre historia naval. 

La historia se inspira en Lord Thomas Cochrane, un auténtico lobo de mar que desafió a aliados y enemigos por igual. Los invito a sumergirse de cabeza en este filme épico. Como diría el maestro Sabina: desafiando el oleaje, sin timón ni timonel. 

Atrévanse a vivir este alucinante viaje a través de océanos desconocidos y de nuestras propias complejidades humanas.

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