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Atribuyen ola de pandillas en Saltillo al aumento en drogadicción

Ciudadanos y especialistas advierten que el consumo de drogas, desintegración familiar y falta de atención a niños y jóvenes favorecen el surgimiento de bandas

Por Christyan Estrada | 11 Agosto 2026

El aumento en el consumo de drogas, la desintegración familiar y la falta de atención a niños y adolescentes son señalados por ciudadanos como factores detrás de una nueva generación de pandillas en Saltillo, luego de que una reciente riña campal en la colonia La Minita volviera a colocar el fenómeno bajo la atención pública.

Habitantes consultados consideran que el problema ha comenzado a recuperar características que durante décadas anteriores generaron conflictos recurrentes en diferentes colonias, aunque advierten que actualmente el consumo y venta de drogas representa un componente de mayor preocupación.

Jesús Adolfo Santana, uno de los ciudadanos entrevistados, relacionó directamente el fenómeno con la disponibilidad de sustancias en las colonias y consideró que la pérdida de valores dentro de algunos hogares también contribuye a que jóvenes terminen involucrándose en estos grupos.

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“Existe mucha droga en nuestra ciudad y las autoridades competentes no hacen lo debido. Vamos a tener estos problemas y más fuertes si no se hace lo que debe hacer cada quien en el ámbito de su competencia”, expresó.

La preocupación no se limita a las riñas entre integrantes de las agrupaciones. Los vecinos advierten que estos enfrentamientos pueden terminar afectando a personas ajenas a los conflictos, además de provocar daños en vehículos, viviendas y otros bienes.

Sobre la evolución del pandillerismo, Óscar González Guardiola, quien señaló haber participado años atrás en registros del fenómeno desde la Fiscalía del Estado, explicó que se trata de un problema cíclico: algunas agrupaciones prácticamente desaparecen y posteriormente pueden surgir nuevas generaciones o reactivarse antiguos grupos.

González Guardiola sostuvo que el consumo y venta de cristal y otras drogas, además de delitos como el robo a casa habitación, han cambiado las características de algunas pandillas y los conflictos que mantienen por territorio.

“Hoy es más organizada la pandilla, tiene otro nivel superior, incluso de organización, con cada uno de sus miembros con una tarea diferente y controlando actividades delictivas de las que viven”, explicó.

Para el entrevistado, las pandillas pueden comenzar como espacios de pertenencia para menores y jóvenes que carecen de atención dentro de su entorno familiar, pero posteriormente algunos de sus integrantes pueden avanzar hacia conductas de mayor gravedad.

Advirtió que el problema no comienza cuando un joven participa en una riña o comete un delito, sino desde etapas anteriores en las que aparecen señales como abandono escolar, consumo temprano de sustancias, falta de supervisión familiar o incorporación a actividades antisociales.

“Un niño no se hace pandillero ni delincuente de la noche a la mañana”, señaló González Guardiola, quien consideró necesaria una intervención conjunta de familias, escuelas, autoridades y organizaciones sociales.

En este sentido, planteó que la prevención debe incluir alternativas que mantengan a niños y adolescentes vinculados con actividades deportivas, culturales, musicales y comunitarias, particularmente después del horario escolar.

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Los testimonios ciudadanos coinciden en atribuir también una responsabilidad importante a las familias. Magda, una de las personas consultadas, consideró que la educación comienza en casa y cuestionó que algunos padres protejan o escondan a sus hijos cuando las autoridades intentan intervenir después de un conflicto.

En el mismo sentido, Noé Quezada sostuvo que las pandillas han formado parte de distintas etapas de la historia reciente de Saltillo, pero consideró que años de falta de atención y supervisión familiar han permitido que el problema continúe entre nuevas generaciones.

Los testimonios recogidos después de la riña en La Minita reflejan así una preocupación que va más allá de los enfrentamientos callejeros: el temor de que el consumo de drogas, la descomposición del entorno familiar y la incorporación de jóvenes a actividades delictivas estén dando nuevas características a un fenómeno que Saltillo ha enfrentado durante décadas.

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