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De Atlas al Mundial: así fue el inicio de 'Memo' Ochoa
De las cascaritas en Guadalajara a seis Copas del Mundo, el arquero mexicano construyó una carrera que lo convirtió en uno de los grandes referentes del país
Por Gerardo Vázquez | 14 Julio 2026
Antes de convertirse en uno de los porteros más importantes en la historia del futbol mexicano, Guillermo “Memo” Ochoa era un niño que disfrutaba jugar en las canchas de cemento de Guadalajara. Quienes lo conocieron durante su infancia lo recuerdan como un estudiante disciplinado, responsable y apasionado por el deporte. Terminaba rápidamente sus tareas para salir a jugar con sus amigos.
Aunque en un principio soñaba con ser delantero, el destino le tenía preparado otro camino. Un día faltó el portero de su equipo, ocupó su lugar bajo los tres postes y nunca volvió a abandonarlo. Ahí nació la vocación que lo llevaría a convertirse en referente del balompié azteca.
Francisco Guillermo Ochoa Magaña nació el sábado 13 de julio de 1985 en Guadalajara, Jalisco. Creció en la colonia Santa Mónica junto a su madre, Natalia, y su hermana Ana Laura. Su padre trabajaba en la Ciudad de México, por lo que la familia aprovechaba cada oportunidad para compartir tiempo, especialmente alrededor del futbol.
Desde pequeño desarrolló una enorme afición por el Atlas. Cada fin de semana asistía con su familia al Estadio Jalisco para ver jugar a los Zorros. Ahí encontró a su primer gran ídolo: el arquero uruguayo Robert Dante Siboldi.
“Todos los sábados iba con mi familia a verlo al Estadio Jalisco y me gustaba cómo atajaba Siboldi; era mi ídolo”, recordó años después el guardameta.

Con el paso del tiempo también admiró a otros grandes porteros como Jorge Campos, Óscar “Conejo” Pérez, Adolfo Ríos y el colombiano Óscar Córdoba, de quienes aprendía observando sus estilos y tratando de imitarlos durante las interminables “cascaritas” que disputaba con su padre en la cochera de su casa.
Cuando tenía 10 años de edad, la familia se mudó a la Ciudad de México. Además de continuar con sus estudios, “Memo” ayudaba en el negocio familiar, la tradicional tortería “Don Polo”, ubicada en la esquina de Avenida Coyoacán y Félix Cuevas, en la colonia Del Valle. Ahí atendía clientes y colaboraba en la preparación de las famosas tortas mientras seguía alimentando el sueño de convertirse en futbolista profesional.
Poco después ingresó a las fuerzas básicas del Club América, institución donde terminó de formarse como guardameta. Su talento llamó la atención del técnico Leo Beenhakker, quien le dio la oportunidad de debutar en Primera División el 15 de febrero de 2004, con apenas 19 años de edad, sustituyendo al lesionado Adolfo Ríos en un partido frente al Monterrey.

Aquella oportunidad marcó el inicio de una trayectoria extraordinaria que lo llevó a convertirse en uno de los futbolistas mexicanos con mayor proyección internacional.
A lo largo de su carrera defendió la portería del América, AC Ajaccio, Málaga, Granada, Standard de Lieja, Salernitana, AVS Futebol y AEL Limassol, además de consolidarse como uno de los máximos referentes de la Selección Mexicana, participando en seis Copas del Mundo y protagonizando actuaciones memorables que lo colocaron entre los mejores guardametas de su generación.
La historia de Guillermo “Memo” Ochoa demuestra que los grandes sueños suelen comenzar en los lugares más sencillos: una cancha de cemento, una cochera convertida en campo de entrenamiento y una tortería familiar donde el trabajo, la disciplina y la constancia formaron el carácter de quien terminaría escribiendo su nombre en la historia del fútbol mexicano.