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Fer Broca reivindica la voz propia en tiempos de IA

En Palabras de Poder, el escritor invita a recuperar la intención del lenguaje: desde un “te quiero” a un diálogo interior que suele pasar de largo

Por Yvette Serrano | 17 Octubre 2026

Para Fer Broca, entre escribir “TQM” y decir “te quiero mucho” hay una distancia que merece atención. En esas palabras completas reconoce el peso del afecto, la intención de quien las pronuncia y la posibilidad de hacer sentir al otro que importa.

En una época que abrevia conversaciones y delega respuestas a la inteligencia artificial, el escritor y conferencista propone detenerse. Escuchar. Reconocer qué estamos diciendo y cuánto de nosotros permanece en aquello que expresamos.

“No es lo mismo poner TQM que escribir te quiero mucho, porque tiene un peso lo que le estás diciendo a la persona”, afirma en entrevista con El Horizonte.

Esa defensa del lenguaje atraviesa Palabras de poder. La técnica del diamante, publicado por Océano Ámbar. 

El libro reúne su propuesta para emplear las palabras con mayor conciencia e intención.

La conversación encuentra pronto ejemplos cotidianos: una reconciliación que termina en otra disputa, un límite que intentamos establecer y acaba convertido en una obligación adicional. 

Para Broca, esas contradicciones revelan cuánto nos falta por examinar nuestra manera de comunicarnos.

“Hay muchas veces que tú quieres reconciliarte con alguien y terminas más peleado, que estás buscando un límite y terminas cargando el doble de peso”, señala.

Su invitación consiste en pulir el lenguaje hasta acercarlo a lo que realmente queremos expresar: pedir, agradecer, disentir, acompañar. Darle precisión a una necesidad y hondura a un sentimiento.

Una rivalidad con la inteligencia artificial

Cuando aparece el tema de la IA, Broca abandona cualquier ambigüedad. Su postura es crítica y la explica con una comparación que en Monterrey encuentra terreno familiar.

“Me declaro contrincante. Soy como el Tigres y el Monterrey, así con la IA”, dice.

Su objeción se concentra en el lugar que estas herramientas pueden ocupar en el aprendizaje. Le preocupa que la facilidad de obtener una respuesta desplace el esfuerzo de buscar, contrastar y elaborar una idea.

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“La IA facilita, pero la IA quita el proceso de reflexión, el proceso de análisis. La IA no tiene que tener el rol que le estamos dando. La gente tiene que aprender a pensar, tiene que aprender a buscar”.

Al recordar la búsqueda de información en bibliotecas y libros, reivindica el recorrido intelectual que antecede a una conclusión. En su opinión, acostumbrarse a recibir resúmenes puede privarnos de descubrimientos que surgen durante la lectura y de preguntas que requieren tiempo para madurar.

La inquietud prolonga el tema central de su libro: cuánto de nuestra relación con las palabras estamos dispuestos a entregar a la prisa.

Escuchar lo que nos decimos

Pero el examen que propone Broca también ocurre lejos de las pantallas, en la intimidad de una mañana cualquiera.

¿Qué nos decimos al despertar? ¿Con qué palabras anticipamos la jornada? ¿Qué expresiones repetimos hasta convertirlas en una descripción habitual de nuestra vida?

El autor sugiere un ejercicio: anotar durante varios días esas primeras frases y observar cuáles reaparecen. Después, preguntar a alguien cercano qué palabras nos escucha decir con mayor frecuencia.

“Estoy absolutamente seguro que la gente no es consciente de las palabras que ocupa ni de las que escribe”, sostiene.

En su planteamiento, reconocer ese vocabulario permite examinar cómo nos describimos y cómo nos relacionamos con los demás. El ejercicio comienza con una disposición que parece sencilla, aunque exige atención: escucharse con honestidad.

Su propuesta, vinculada a la espiritualidad que practica, busca que cada lector encuentre expresiones propias para afrontar su cotidianidad. Entre las que menciona están “agradezco lo que tengo”, “puedo avanzar” y “tomo la vida con ligereza”.

Son fórmulas que él ofrece como puntos de partida para revisar el diálogo interior y elegir con mayor deliberación las palabras que lo componen.

Decirlo con intención

La defensa de Broca conserva, además, una confianza en los jóvenes. Aunque cuestiona la simplificación de los mensajes, cree que existe curiosidad por descubrir palabras y reconocer sus matices.

“Hay palabras que tienen una resonancia bien profunda”, expresa.

Habla de la fuerza que puede adquirir “mamá” cuando se pronuncia con intención; del agradecimiento que merece ser dicho completo; del nombre propio como una forma de reconocernos.

En esos gestos sitúa el corazón de su propuesta. Recuperar el lenguaje supone prestar atención a quien tenemos enfrente y a esa voz interior que nos acompaña incluso en silencio.

Entre tantas respuestas instantáneas, Fer Broca propone concedernos el tiempo de elegir nuestras palabras. Y, al pronunciarlas, volver a sentir lo que estamos diciendo.

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