Estilo de Vida

Transforma resignación en aceptación consciente

Tensión, insomnio o pensamientos repetitivos pueden ser señales de resistencia. Explora cómo entrenar tu mente para soltar lo que no depende de ti.

  • Por: María Fernanda Colunga
  • 21 Febrero 2026, 10:21

En momentos de pérdida, ruptura o cambios inesperados, muchas personas creen que aceptar significa resignarse. Sin embargo, el especialista en mindfulness Javier Gutiérrez Ornelas explica que existe una diferencia profunda entre ambos conceptos. Mientras la resignación implica una postura pasiva ante la adversidad, aceptar abre una puerta al aprendizaje y a la transformación interior.

javier gutierrez ornelas

La resignación puede ayudar a sobrellevar un momento difícil, pero no genera crecimiento. Se convierte en una forma de justificar lo que sucede sin modificar la relación interna con la experiencia. La aceptación, en cambio, permite observar lo que ocurre y decidir cómo responder ante ello.

¿Cómo saber si estamos en resistencia?

Antes de aceptar, suele aparecer una etapa de negación. Es un mecanismo natural de defensa. El problema surge cuando la mente se queda atrapada en pensamientos repetitivos sobre lo ocurrido: el despido que parece injusto, la ruptura que no se deseaba o la pérdida que no se comprende.

Cuando la adversidad ocupa casi todo el campo mental durante el día, es probable que exista resistencia. Además, el cuerpo también envía señales claras: tensión muscular en trapecios, mandíbula o nuca, dificultad para dormir o cambios en el apetito.

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Estas manifestaciones físicas reflejan un intento constante por cambiar lo que ya no depende de nosotros.

Las tres zonas ante una situación adversa

Para comprender qué es incambiable, Gutiérrez Ornelas propone distinguir tres espacios. 

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Del desgaste emocional a la liberación

El paso de la resignación a la aceptación requiere entrenamiento en atención plena. Conectar con el momento presente y con las sensaciones corporales ayuda a reconocer hasta dónde es posible actuar y cuándo es necesario soltar.

Cuando afuera no hay nada que hacer, el trabajo se vuelve interno. Ahí es donde la aceptación evita que la emoción se desborde hacia el estrés, la ansiedad o la depresión.

Una señal clara de aceptación es que la experiencia adversa deja de ocupar toda la atención diaria. Sigue existiendo, pero ya no domina cada pensamiento. La energía que antes se destinaba a resistir comienza a invertirse en adaptación y resiliencia.

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Aceptar lo incambiable no significa aprobar lo que ocurrió, sino reconocerlo para recuperar equilibrio. Desde esa claridad, la persona puede construir nuevas rutas sin permanecer anclada al pasado.

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