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Comercio de Irán cae hasta 35% por sanciones de EUA
El presidente Masoud Pezeshkian informó que el intercambio comercial iraní se contrajo entre 25% y 35% durante los últimos meses
Por Sergio Villarreal | 29 Agosto 2026
La reducción de los ingresos provenientes del comercio exterior obligó al Gobierno de Irán a reconocer públicamente que la presión económica de Estados Unidos ya tiene consecuencias dentro del país, desde el encarecimiento de productos hasta una posible modificación en las tarifas de la gasolina.
El presidente Masoud Pezeshkian informó que el intercambio comercial iraní se contrajo entre 25% y 35% durante los últimos meses.
Las importaciones registraron el retroceso más marcado, en medio de las restricciones financieras y las dificultades para movilizar mercancías desde los puertos nacionales.
El mandatario cuestionó las posturas que minimizan los efectos de las sanciones y sostuvo que la economía debe administrarse bajo un escenario extraordinario. Su posicionamiento contrasta con el discurso que anteriormente presentaba las medidas estadounidenses como una presión incapaz de alterar el funcionamiento del país.
Caída de ingresos pone bajo revisión los subsidios
Las restricciones externas se combinan con una inflación anual cercana al 66%, que ha deteriorado el poder adquisitivo de las familias y elevado el costo de alimentos, servicios y productos básicos.
Ante la disminución de recursos, Pezeshkian abrió la posibilidad de modificar uno de los niveles de cobro de la gasolina, cuyo precio podría aumentar de 5 mil a 10 mil tomans. Irán utiliza un esquema de cuotas que aplica diferentes tarifas según el volumen de combustible consumido.
El ajuste representa una decisión delicada debido al amplio sistema de subsidios energéticos del país y a los antecedentes de inconformidad social provocados por incrementos anteriores.
Washington busca aislar las redes económicas de Teherán
El deterioro reconocido por el Gobierno iraní coincide con una nueva fase de presión impulsada por Estados Unidos para limitar los ingresos petroleros y dificultar el acceso de Teherán al sistema financiero internacional.
Las medidas alcanzan a cerca de 60 personas, compañías y embarcaciones presuntamente vinculadas con la comercialización de hidrocarburos, la adquisición de tecnología, actividades cibernéticas y el desarrollo de programas nucleares y de misiles.
La estrategia también contempla posibles consecuencias para bancos, empresas y países que continúen realizando operaciones con Irán, particularmente aquellas que dependan del dólar o de instituciones conectadas con el sistema estadounidense.
Para Teherán, el petróleo continúa siendo una fuente fundamental de divisas. Pezeshkian señaló que el país logró colocar alrededor de 90 millones de barriles durante un periodo de flexibilización temporal acordado en junio, dato con el que mostró la diferencia entre operar con restricciones y contar con una apertura limitada para exportar.
Irán busca contener el impacto sin abandonar su postura
El reconocimiento de los daños económicos no significa que el Gobierno iraní haya aceptado las exigencias estadounidenses. Las autoridades mantienen su rechazo a las sanciones, aunque dejan abierta la posibilidad de recurrir a la diplomacia para reducir las tensiones.
En el frente interno, la administración pretende contener la inflación, ordenar los mercados, impulsar la creación de empleos y dirigir mayores inversiones hacia la producción nacional. También plantea disminuir paulatinamente la dependencia del dólar en sus operaciones comerciales.
El estancamiento de las conversaciones, las limitaciones a las exportaciones petroleras y la disputa por la navegación en el estrecho de Ormuz mantienen la incertidumbre. Mientras no exista un nuevo entendimiento, el Gobierno deberá enfrentar una menor actividad comercial y un mayor costo económico para la población.