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Responderemos como un terremoto: Irán ante amenazas de Trump
La estrategia alcanza sectores como transporte marítimo, tecnología, activos digitales y otras actividades que permiten a Teherán mantener ingresos
Por Yvette Serrano | 27 Agosto 2026
Estados Unidos abrió un nuevo frente contra Irán. Esta vez, el arma principal no son los misiles, sino una ofensiva financiera con la que la administración de Donald Trump pretende aislar a la República Islámica y estrangular las redes que todavía mantienen conectada su economía con el resto del mundo. Pero Teherán advierte que no permanecerá inmóvil.
Ante el llamado “Día D económico” impulsado por Washington, autoridades iraníes han elevado sus amenazas y planteado una respuesta capaz de extender las consecuencias del conflicto mucho más allá de sus fronteras: golpear intereses energéticos, ampliar geográficamente sus posibles objetivos y reconsiderar incluso los límites de su programa nuclear.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, presentó esta semana la "Operación Economic Outcast", una campaña destinada a perseguir las redes financieras, comerciales y logísticas utilizadas por Irán para evadir las sanciones internacionales.
La estrategia alcanza sectores como transporte marítimo, tecnología, activos digitales y otras actividades que permiten a Teherán mantener ingresos y mover recursos pese al cerco financiero estadounidense.
Washington también lanzó una advertencia a gobiernos, bancos y empresas que mantienen negocios con la República Islámica: deberán reducir esos vínculos o enfrentar eventualmente sanciones secundarias que podrían dejarlos fuera del sistema financiero estadounidense.
Sin embargo, el denominado “Día D económico” resultó inicialmente menos contundente de lo anticipado.
La administración Trump decidió no aplicar de inmediato algunos de sus castigos más severos contra los principales socios comerciales de Irán y optó por establecer plazos para que reduzcan sus operaciones con Teherán.
La decisión deja abierta la posibilidad de una segunda fase mucho más agresiva, pero también evidencia los riesgos que enfrenta Washington si extiende las sanciones hacia grandes economías vinculadas con Irán.
La ofensiva económica llega después de seis meses de un conflicto que comenzó con ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní y que permanece sin una salida diplomática clara.
Teherán mueve sus cartas
Lejos de mostrar señales de capitulación, Irán ha respondido exhibiendo las herramientas con las que podría elevar el costo de la presión estadounidense.
“Llevamos mucho tiempo jugando al ajedrez… y también hemos aprendido a jugar al póker”, declaró Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, al describir la estrategia que Teherán pretende seguir frente a Washington.
El conflicto ha reducido drásticamente el tránsito energético por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta y por la que, antes de la guerra, circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo mundial. Ahora, las amenazas iraníes apuntan más allá de ese corredor.
Altos mandos de la República Islámica han planteado la posibilidad de atacar infraestructura energética y rutas alternativas utilizadas por productores regionales para sacar petróleo sin atravesar Ormuz.
A ello se suma la actuación de los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, que han incrementado la presión sobre las rutas marítimas y objetivos energéticos de la región.
Amenaza llega hasta Europa
La segunda carta iraní consiste en ampliar el mapa del conflicto.
Teherán ha advertido que podría considerar como objetivos legítimos instalaciones ubicadas en países que faciliten operaciones militares estadounidenses contra territorio iraní.
La advertencia alcanzó directamente a Bulgaria, miembro de la Unión Europea y de la OTAN, después del despliegue de aeronaves estadounidenses de reabastecimiento en ese país.
Baghaei sostuvo que Irán se reserva el derecho de responder contra el lugar desde donde se origine una agresión y considera que proporcionar territorio o infraestructura para operaciones militares contra la República Islámica constituye participación en el conflicto.
Carta nuclear es posiblemente la de mayores consecuencias a largo plazo
El tercer escenario es posiblemente el de mayores consecuencias a largo plazo.
Irán ha sostenido durante décadas que su programa nuclear tiene fines pacíficos y que no pretende fabricar armas atómicas. Sin embargo, tras los ataques contra instalaciones nucleares iraníes y la muerte del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, quien había mantenido una prohibición religiosa contra las armas nucleares, sectores políticos iraníes han comenzado a plantear abiertamente una revisión de esa doctrina.
Entre las posibilidades discutidas aparece incluso abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), instrumento internacional mediante el cual los Estados no poseedores de armas nucleares se comprometen a no desarrollarlas.
Dar ese paso no significaría automáticamente que Irán fabricará una bomba, pero eliminaría una de las principales barreras políticas y jurídicas que han condicionado su programa atómico durante décadas.