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Opinión

Aire fresco en la política

Columna Invitada

No podemos seguir construyendo el futuro con las reglas del pasado. Reducir la edad mínima para contender por una diputación local o una alcaldía a 18 años, y para una gubernatura a 28 años, es la muestra de que vamos por buen camino. 

Siempre nos han dicho que la experiencia llega con los años, que para participar en la toma de decisiones primero hay que esperar y cumplir cierta edad. Sin embargo, el mundo avanza a pasos agigantados y hemos comprobado que esa afirmación no tiene argumentos.

Hoy vemos jóvenes que crean empresas, lideran proyectos de innovación, participan en investigaciones científicas, representan a México en competencias internacionales y mejoran sus comunidades desde muy temprana edad. Muchos de ellos toman decisiones importantes todos los días, administran equipos de trabajo y resuelven problemas complejos antes de siquiera cumplir la mayoría de edad.

Entonces vale la pena hacernos una pregunta muy sencilla: si a los 18 años una persona ya puede votar, trabajar, emprender, pagar impuestos, conducir y asumir responsabilidades legales, ¿por qué no podría también buscar la confianza de la ciudadanía para representarla?

La democracia siempre se fortalece cuando suma voces. Abrir la puerta a las nuevas generaciones no significa menospreciar a los que llegaron antes; significa darle un espacio a nuevas ideas y a nuevas maneras de hacer las cosas.

En un estado como Nuevo León, esta conversación cobra todavía más importancia. Somos una entidad que compite todos los días con las economías más dinámicas del mundo, que atrae empresas de vanguardia, que impulsa la innovación, que apuesta por la inteligencia artificial y que prepara a sus estudiantes para los empleos del futuro. No tendría sentido construir el futuro desde todos estos ángulos y, al mismo tiempo, impedir que los jóvenes tengan un lugar en la toma de decisiones de su municipio o de su estado. 

Las mejores sociedades son aquellas que encuentran el equilibrio entre la experiencia y la innovación. La experiencia aporta perspectiva y criterio; la juventud, energía, creatividad y el valor para cuestionar aquello que durante años se dio por hecho. 

Hace casi dos años, cuando era diputado, presenté esta iniciativa porque la política no puede seguir haciéndose de la misma manera de siempre mientras el mundo cambia todos los días. Las nuevas generaciones llegan con una mentalidad nueva; son ágiles para resolver los problemas del presente y del futuro, pero también entienden que gobernar empieza por escuchar las necesidades de la gente.

Lo que necesita Nuevo León, y nuestro país, no es elegir entre experiencia o juventud, sino sumar lo mejor de ambas. El talento no tiene fecha de nacimiento y las buenas ideas tampoco.

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