¿Qué tienen que ver algunos políticos de Nuevo León con las denuncias de Julio Scherer Ibarra?
Sin Censura
Esta columna, sin censura, fue la primera en investigar el caso de Sergio Carmona Angulo, asesinado el 22 de noviembre de 2021. Oriundo de Reynosa, el llamado “Rey del Huachicol” fue ultimado en una barbería en el corazón de San Pedro, frente a varios testigos.
El lector podrá recordar cómo dos sicarios le dispararon a Carmona en la cabeza y el cuello mientras se cortaba el pelo, en un crimen ejecutado sin registros en video, pese a la abundancia de cámaras.
Días antes, Carmona había señalado a sus íntimos que colaboraba con la DEA, revelando nombres de políticos mexicanos implicados en sus operaciones: “les estoy informando muchas cosas”.
Como también recordará el lector, su hermano Julio Carmona Angulo huyó a Estados Unidos apenas se enteró de la muerte de Sergio y allá se convirtió en testigo protegido de la DEA.
¿Por qué traigo a colación este caso trágico? Porque acabo de terminar la lectura del libro Ni venganza ni perdón: una amistad al filo del poder, de Julio Scherer Ibarra, coescrito con el periodista Jorge Fernández Menéndez y publicado ayer por Editorial Planeta.
¿Qué dice Scherer, exconsejero jurídico de Andrés Manuel López Obrador en el sexenio pasado?
Que en el huachicol fiscal —con quebrantos que yo calculo en $700,000 millones de pesos, desglosados pormenorizadamente en esta columna— Jesús Ramírez Cuevas, exvocero presidencial y actual coordinador de asesores de la Presidencia, actuó como “enlace principal”, según Scherer, con la delincuencia organizada.
Sobre este hecho en particular, pedí la opinión exclusiva de Hernán Gómez Bruera, quien hace años publicó Traición en Palacio: el negocio de la justicia en la 4T, cuyas pruebas de galeras leí y comenté con su autor, y abordamos a fondo el caso de Sergio Carmona.
Gómez Bruera fue muy crítico contra Scherer Ibarra y ayer me comentó que se trata de un nuevo acto de traición del exconsejero, el cual “esparce estiércol al por mayor y critica duramente al gobierno de López Obrador, al que sirvió desde una posición privilegiada de poder”.
Y me añade Hernán Gómez: “Scherer no puede limpiar su cuestionada reputación y dedica 20 capítulos a atacar y solo el último a defenderse mal”.
Sin embargo, mi impresión es que ambos libros —el de Hernán Gómez y el de Julio Scherer— se complementan y exponen un cáncer más general: una enfermedad nacional, de pronóstico reservado, que puede terminar con varios políticos del anterior sexenio detenidos e incluso enviados a Estados Unidos para ser enjuiciados allá. Entre ellos, algunos políticos de Nuevo León.
