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Don Guillermo, el peluquero de la vieja guardia que teje sueños
En su actual peluquería, hay una protagonista silenciosa: una silla de la marca "Colombia". Es una reliquia, una joya de la vieja guardia
Por Alfredo Uvalle | 24 Agosto 2026
En un pequeño rincón de la colonia Minero, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el tiempo parece haberse detenido al ritmo de una máquina y unas tijeras. Aquí, sentado con la sabiduría que solo dan los años, se encuentra Guillermo Chaires García, a sus 78 años, no es solo un peluquero, es un guardián de una tradición que está por desaparecer.
"No he trabajado en otra parte más que en la pura peluquería", dice con una sonrisa que arruga sus ojos. Y es que, para él, este oficio no ha sido solo un medio de vida, sino el lienzo sobre el cual ha dibujado la historia de su familia.

Más de seis décadas dedicadas a la peluquería
Comenzó temprano, a los 15 años, en Ciudad Mante. Aprendió el arte en la "Peluquería Los Ángeles", propiedad de su abuelo, quien le enseñó que un buen corte de cabello se hace con paciencia y precisión.
"Yo inicié a cortar a los 16 años, estaba muy joven. Ahorita ya tengo 78 y sigo ejerciendo; los jóvenes me dicen que el corte me quedó ‘a todo dar’", comenta con orgullo.
El destino lo llevó a recorrer varios caminos: Ciudad Mante, Tampico, Cuautla, Morelos y finalmente Ciudad Victoria. En su trayectoria, sus manos han atendido a políticos, artistas y deportistas, pero él recuerda con el mismo cariño al cliente que ha sido fiel durante décadas.

Una antigua silla guarda miles de historias
En su actual peluquería, hay una protagonista silenciosa: una silla de la marca "Colombia". Es una reliquia, una joya de la vieja guardia.
La compró usada a su antiguo patrón, Santos Abundis, por 2,000 pesos de aquel entonces. Cuando terminó de pagarla, don Santos le dio el visto bueno: "Ya llévatela, es tuya". Desde ese día, esa silla ha sido testigo de miles de historias, confesiones y transformaciones.
La vida de Guillermo no se limitó a la silla de peluquero. Fue un hombre de energía incansable que combinó el trabajo con el atletismo y el boxeo profesional. Sin embargo, su mayor pelea y su victoria más grande ha sido su familia.

De la mano de su esposa, Gloria Cisneros, con quien ha compartido la vida, sacó adelante a sus tres hijos. "En este oficio salimos adelante", asegura.
Su oficio se convirtió en un legado familiar
Hoy, el legado de don Guillermo se extiende a través de sus hijos, Alejandro, Heriberto y Guillermo, con la bendición de seis nietos y un bisnieto que acaba de llegar y quienes son su mayor orgullo.
Recuerda cuando los cortes costaban 20 o 30 pesos. Hoy, cobra 60, un precio simbólico en tiempos donde todo sube, pero donde él prefiere mantener la cercanía con su gente.
Don Guillermo Chaires García es más que un peluquero de la vieja guardia; es un hombre que, entre navajas, talco y loción, ha logrado lo más difícil: construir una vida digna, educar a sus hijos y mantener viva la pasión por un oficio que, en sus manos, sigue siendo un arte.
Mientras las tijeras y la máquina sigan sonando, don Guillermo seguirá aquí, cortando el cabello y regalando consejos, viviendo la vida un corte a la vez.