Internacional

ICE ha cobrado ocho vidas este 2026 ¿Cuántas más tomarán?

Esta cifra que refleja no hechos aislados, sino una crisis de violencia sistemática que ha encendido protestas por diversos puntos de Estados Unidos

  • Por: Diego Olivos
  • 05 Febrero 2026, 09:14

El año 2026 inicia teñido de dolor y alarma en Estados Unidos bajo la creciente brutalidad ejercida por los agentes federales del ICE, quienes ya han cobrado 8 vidas en sus intentos por erradicar a los inmigrantes ilegales en el país.

Las operaciones del ICE, no solo han separado familias y aplastado los sueños de miles de trabajadores, también han dejado vidas humanas arrancadas, familias devastadas, comunidades aterradas, y un país dividido ante la brutalidad de una agencia que opera con el poder del Estado sin la rendición de cuentas que la dignidad humana exige.

Únicamente en enero, al menos ocho personas han muerto en encuentros directos con agentes del ICE o bajo su custodia — una cifra que refleja no hechos aislados, sino una crisis de violencia sistemática que ha encendido protestas por todo el país, desde Minneapolis hasta Los Ángeles.

Historias que No Deben Ser Olvidadas

Renée Nicole Good — 7 de enero de 2026

El corazón de Minneapolis latía con fuerza aquella mañana fría del 7 de enero cuando Renée Nicole Good, una mujer de 37 años, fue fatalmente disparada por un agente del ICE, identificado como Jonathan Ross, en Portland Avenue South.

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Good estaba en su automóvil cuando el agente se acercó y, tras un intercambio confuso, le disparó tres veces mientras ella se movía en dirección contraria — sin que las autoridades locales presentaran pruebas claras de amenaza inmediata.

Su muerte fue catalogada como homicidio por el examinador médico, y provocó una oleada de indignación nacional.

Alex Jeffrey Pretti — 24 de enero de 2026

Apenas semanas después, el 24 de enero, el mundo fue testigo de otra tragedia en la misma ciudad: Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, fue abatido a tiros por agentes federales del ICE en Minneapolis, en una operación que fue parte de un despliegue federal mayor conocido como Operation Metro Surge.

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Testimonios y videos muestran que Pretti no blandió ningún arma; documentaba a los agentes mientras intentaba ayudar a una mujer que había sido empujada, y — tras ser rociado con gas pimienta y forcejeado — recibió múltiples disparos mientras estaba en el suelo.

En este segundo tiroteo, la respuesta oficial reclamó defensa propia, pero imágenes y narrativas de testigos contradicen fuertemente esa versión, provocando protestas y demandas de responsabilidad.

¿Quiénes son el resto de las víctimas?

Además de estos dos casos en Minneapolis, la violencia del ICE ha alcanzado a otras personas, muchas de ellas con historias de negligencia, maltrato o circunstancias confusas:

Geraldo Lunas Campos (55 años) 

Inmigrante cubano falleció el 3 de enero de 2026 en el centro de detención ICE en Camp East Montana (El Paso, Texas). Aunque ICE afirmó un intento de suicidio, el forense lo clasificó como homicidio por asfixia tras inmovilización por parte de guardias.

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El ICE declaró: “Lunas se comportó de forma disruptiva mientras esperaba en la fila para recibir medicamentos y se negó a regresar a su dormitorio asignado. Posteriormente, fue puesto en aislamiento”; motivo que consideraron justificable para asfixiarlo.

Víctor Manuel Díaz (36 años) 

Inmigrante nicaragüense de 36 años, también falleció en el Campamento East Montana en El Paso, Texas mientras estaba en custodia el 14 de enero de 2026, oficialmente fue declarado como suicidio aunque su familia disputa esa versión. 

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"No creo que se quitara la vida", declaró el hermano de Díaz, Yorlan Díaz

Parady La (46 años) 

Inmigrante camboyano de 46 años fue detenido cerca de su casa en Upper Darby unos días antes de su muerte, falleció en una instalación en Filadelfia después de experimentar complicaciones atribuibles a retirada de drogas sin atención adecuada.

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Luis Beltrán Yáñez Cruz (68 años) 

Inmigrante latinoamericano murió de problemas cardíacos tras ser transferido a un hospital en California. Padre de tres hijos entró inicialmente a Estados Unidos en 1993, según el ICE, fue expulsado del país y regresó hace 20 años. Lo arrestaron en Newark, Nueva Jersey y bajo custodia de ICE falleció.

Heber Sánchez Domínguez (34 años) 

Mexicano de 34 años, falleció en el centro de detención Robert A. Deyton en Lovejoy, Georgia, el 14 de enero. Fue arrestado por conducir sin licencia y posteriormente fue encontrado muerto por aparente ahorcamiento en su celda.

El consulado mexicano en Atlanta ha pedido que “se aclaren las circunstancias del incidente”

Luis Gustavo Núñez Cáceres (42 años) 

Inmigrante hondureño falleció en un hospital de Houston, Texas, tras problemas de salud crónicos bajo custodia ICE. En la víspera de Año Nuevo sufrió múltiples emergencias médicas que pusieron en peligro su vida, y el personal médico lo trasladó a la unidad de cuidados intensivos, donde permaneció hasta su muerte, según los agentes de ICE “le dieron la mejor atención que pudo tener en su vida”.

Estas muertes, muchas con versiones oficiales que no coinciden con testimonios familiares o evidencia, han generado sospechas de negligencia médica, falta de supervisión y uso excesivo de la fuerza.

Minneapolis: La ciudad que cambió la esperanza por el miedo

En Minneapolis, la presencia del ICE ha transformado la vida cotidiana en un terreno de miedo y vigilancia constante. Familias, residentes y activistas cuentan que sus días han quedado marcados por la incertidumbre de si volverán seguros a sus casas y si encontrarán a sus vecinos como habitualmente lo hacen.

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Mientras los altos mandos federales hablan de protocolos y defensa propia, hay otra narrativa que no aparece en comunicados oficiales: la de quienes viven bajo una sombra permanente de miedo en Minneapolis, desde que ICE desplegó una operación de miles de agentes en la ciudad y sus alrededores.

Las calles que antes se llenaban de risas infantiles ahora están marcadas por susurros y pasos vacilantes. Vecinos cuentan que ya no caminan hacia el consultorio médico por temor a que un coche inusual les bloquee el paso, o que agentes puedan detenerlos si su acento suena “sospechoso”. Las mujeres embarazadas han empezado a dar a luz en sus casas, y pacientes crónicos posponen medicinas, porque incluso entrar a un hospital puede sentirse como entrar a una trampa.

No son historias aisladas de miedo irracional: son relatos reales, repetidos por cientos de residentes, que describen un clima en el que la vida cotidiana se ha vuelto un acto de valentía silenciosa.

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Las clínicas han tenido que organizar visitas médicas a domicilio, grupos comunitarios ofrecen ayuda para transporte y medicamentos, y voluntarios recorren los vecindarios para reconectar a quienes han dejado sus rutinas por un terror que antes solo conocían en noticias de otros conflictos.

Ante esta realidad, miles de personas han salido a las calles de Minneapolis y otras ciudades con protestas que ya no solo reclaman justicia por las muertes de Renée y Alex, sino que exigen el fin de lo que muchos llaman un uso excesivo de poder sin supervisión, sin rendición de cuentas y con un costo humano demasiado alto para ser ignorado.

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Esto no es un debate abstracto. Es el rostro de una madre que llora sobre la nieve, la mirada de un enfermero que nunca volverá a casa, el silencio de una familia que perdió a un ser querido en circunstancias que todavía no se explican completamente. Es la historia de una comunidad que se pregunta si el país en el que nació sigue siendo el lugar donde sus vidas importan.

Las calles que una vez fueron símbolo de diversidad ahora son escenarios de ansiedad, resistencia civil y dolor — donde cada paso parece vigilado y cada ruido despierta temor.

Las muertes vinculadas a las operaciones de ICE no solo han dejado luto en familiares y comunidades; han encendido protestas masivas en 47 estados, con llamados a una reforma profunda y hasta al fin de la agencia.

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Organizaciones civiles, líderes políticos y activistas exigen responsabilidad, transparencia y justicia, señalando que estas tragedias no son meros incidentes aislados, sino síntomas de un sistema con poder sin límites y consecuencias humanas desgarradoras.

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