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Expertos descartan un ‘efecto dominó’ de sismos hacia México

Especialistas descartaron que los recientes terremotos en Venezuela, Colombia y Perú formen parte de una reacción en cadena que pueda avanzar por el continente

Por Salvador Maceda | 25 Agosto 2026

Especialistas de la UNAM descartaron que los recientes terremotos en Venezuela, Colombia y Perú formen parte de una reacción en cadena que pueda avanzar por el continente y provocar un sismo devastador en México.

Iván Granados Chavarría y Carlos Valdés, especialistas en sismología de la UNAM, coincidieron en que los movimientos registrados recientemente son fenómenos independientes, relacionados con el comportamiento natural de distintas placas tectónicas.

Los expertos también descartaron que estos terremotos tengan relación con la falla de San Andrés o que exista evidencia de que estén activándose sucesivamente hasta llegar a territorio mexicano.

“Se trata de mecanismos tectónicos distintos y no existe evidencia que permita sostener que los recientes terremotos se estén activando sucesivamente hasta llegar a México o que tengan relación con la falla de San Andrés”, señaló Granados.

De acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), entre 2015 y 2025 ocurrieron en promedio alrededor de 13 sismos de magnitud 7.0 a 7.9 cada año, además de unos 110 movimientos de magnitud 6.0 a 6.9 y cerca de mil 600 de entre 5.0 y 5.9.

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Esto significa que estadísticamente se registra aproximadamente un terremoto de magnitud 7 cada 28 días en el planeta. Sin embargo, su distribución no es uniforme, por lo que pueden pasar semanas sin un evento de esa magnitud y posteriormente presentarse varios en un periodo corto.

Por ello, la coincidencia temporal de los recientes terremotos en América Latina no constituye, por sí sola, evidencia de que estén relacionados.

“Los registros internacionales respaldan que la concentración de terremotos fuertes en periodos cortos no es un fenómeno extraordinario”, puntualizó Granados.

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Cada región tiene su propia actividad sísmica

Iván Granados explicó que los terremotos registrados en Colombia y Perú están relacionados con la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, mientras que los ocurridos en Venezuela fueron provocados por el movimiento entre las placas del Caribe y Sudamericana.

México presenta una configuración tectónica diferente, pues gran parte de su actividad sísmica está asociada con la interacción de las placas de Cocos y Norteamericana. Por ello, un terremoto ocurrido a miles de kilómetros de distancia no activa automáticamente otro en territorio mexicano.

Carlos Valdés, jefe del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, detalló que los sismos de Venezuela, de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurrieron en una zona donde la placa del Caribe se desplaza lateralmente respecto de la Sudamericana.

El especialista explicó que el terremoto de Colombia alcanzó una magnitud de 7.4 y estuvo relacionado con la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana, mientras que el movimiento registrado en Perú fue ajustado por el USGS a magnitud 6.7 y tuvo su origen en ese mismo sistema tectónico.

Aunque algunos de estos eventos involucran placas comunes, los especialistas subrayaron que ello no significa que un terremoto haya provocado al siguiente.

Incluso, durante este periodo también ocurrió un sismo importante en México que pasó prácticamente desapercibido en la conversación pública: un terremoto de magnitud 7.4 en Chiapas, localizado a unos 100 kilómetros de Tapachula.

“Este episodio demuestra que distintas regiones sísmicas pueden registrar actividad en fechas cercanas sin que exista una secuencia continental”, señaló Valdés.

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Granados añadió que las placas tectónicas son estructuras gigantescas que permanecen en movimiento constante, pero las zonas de contacto y los mecanismos que generan los terremotos son diferentes.

Mientras frente a Sudamérica predomina la interacción con la placa de Nazca, en México y Centroamérica desempeña un papel fundamental la placa de Cocos. Otras regiones del Pacífico cuentan, además, con sus propios sistemas tectónicos.

La actividad sísmica forma parte de un proceso natural que ocurre desde hace millones de años y continuará en el futuro. Por ello, la coincidencia temporal de terremotos en distintas partes del mundo no constituye evidencia de un “efecto dominó” avanzando por el planeta.

Descartan vínculo entre San Andrés y sismos recientes

Iván Granados descartó que la falla de San Andrés esté relacionada con los movimientos registrados en Venezuela, Colombia y Perú, o que esté provocando una cadena sísmica rumbo a México.

La falla de San Andrés se ubica en el límite entre las placas del Pacífico y Norteamericana, donde predomina un desplazamiento lateral. En México y Centroamérica, en cambio, la placa de Cocos se introduce por debajo de la Norteamericana, mientras que frente a Sudamérica la placa de Nazca se desplaza bajo la Sudamericana.

Valdés recordó que en agosto de 1968 se registraron seis terremotos superiores a magnitud 7 en distintas regiones del mundo, mientras que en mayo de ese mismo año ocurrieron cinco. En agosto de 2021 también se contabilizaron cinco eventos de esa magnitud.

La diferencia actual, explicaron, es que varios movimientos han ocurrido en países latinoamericanos y en fechas cercanas, lo que incrementa la percepción de que podrían estar relacionados.

Hay mayor capacidad para detectar los sismos

A esa percepción se suma otro factor: actualmente existe una capacidad mucho mayor para detectar y conocer prácticamente en tiempo real los terremotos que ocurren alrededor del planeta.

El Servicio Geológico de Estados Unidos localiza alrededor de 20 mil sismos al año, equivalentes a unos 55 diarios. Sin embargo, el organismo advierte que una mayor cantidad de eventos detectados no significa necesariamente que la actividad sísmica mundial esté aumentando.

El crecimiento y modernización de las redes de monitoreo permiten identificar movimientos de menor magnitud que décadas atrás podían pasar inadvertidos.

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A ello se suma la velocidad con la que circula actualmente la información. Un terremoto ocurrido a miles de kilómetros puede conocerse prácticamente en tiempo real y difundirse masivamente a través de redes sociales, alimentando la percepción de que existe una sucesión inusual de movimientos.

La UNAM también ha señalado que el incremento en el número de sismos reportados en México debe analizarse a partir de la expansión de las redes de monitoreo y de una mayor capacidad de detección, por lo que un mayor número de registros no equivale automáticamente a una mayor actividad sísmica.

Mitos y realidad sobre septiembre

La evidencia estadística tampoco respalda la creencia de que septiembre sea una temporada especial para los terremotos en México.

Análisis difundidos por la UNAM, basados en más de 111 años de registros sísmicos, muestran que septiembre no concentra la mayor actividad. Incluso, diciembre ha registrado históricamente una frecuencia superior de movimientos telúricos.

La asociación de septiembre con los sismos tiene un peso particular en la memoria colectiva debido a la coincidencia de los terremotos ocurridos el 19 de septiembre de 1985 y 2017, así como del movimiento registrado nuevamente en esa fecha en 2022.

Sin embargo, la coincidencia de fechas no constituye evidencia de la existencia de un ciclo ni de una temporada sísmica.

“No hay una época de sismos”, señaló Valdés al explicar que estos pueden ocurrir en cualquier momento del año, del 1 de enero al 31 de diciembre.

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Como ejemplo, recordó que el 2 de enero de este año se registró un sismo de magnitud 6.5 en San Marcos, cerca de Acapulco, que activó la alerta sísmica y fue percibido en la Ciudad de México.

Simulacro no es una predicción

El Simulacro Nacional del 19 de septiembre tampoco implica una predicción de que ocurrirá un terremoto.

Valdés explicó que el ejercicio tomará como hipótesis un sismo de magnitud 7.5 con epicentro en la zona de Tehuacán, Puebla, y a una profundidad de 60 kilómetros. La elección responde a que en esa región se registró en 1999 un movimiento de magnitud 7 que causó daños importantes en Puebla y fue percibido con fuerza en la Ciudad de México.

La cercanía y profundidad de un evento con esas características también podrían reducir el tiempo disponible para la alerta sísmica, de ahí la importancia de practicar cómo actuar ante una emergencia.

Los especialistas subrayaron que el objetivo no es minimizar el riesgo, sino comprenderlo sin caer en el alarmismo.

México, Venezuela, Colombia y Perú se encuentran en regiones con actividad sísmica frecuente y continuarán registrando terremotos. Sin embargo, los datos no respaldan la idea de que exista una cadena de destrucción avanzando por América rumbo a México.

Por ello, los expertos coincidieron en que la preparación debe centrarse en medidas que realmente ayuden a reducir riesgos, como cumplir con los reglamentos de construcción, conocer las características del terreno, atender los sistemas de alerta temprana, participar en simulacros y saber cómo actuar durante un terremoto.

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