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Fracking choca con la crisis de agua en Coahuila
Especialistas advirtieron que una parte importante de la cuenca se encuentra sometida a altos niveles de estrés hídrico, lo que genera una gran preocupación
Por Judith Castro | 14 Agosto 2026
El agua se perfila como uno de los principales desafíos para que Coahuila avance hacia la extracción de gas mediante fracking en la cuenca Sabinas-Burro-Picachos, donde autoridades, empresarios y organizaciones ambientales mantienen posturas encontradas sobre la fuente que podría utilizarse para los pozos piloto.
Mientras el Gobierno federal plantea que el proceso no deberá recurrir a agua dulce apta para consumo humano, agricultura o ganadería, sectores industriales de la región proponen aprovechar agua tratada de plantas ubicadas en Piedras Negras y Acuña.
Otra alternativa que se encuentra bajo análisis es la extracción de aguas salobres o profundas del subsuelo, a más de 2,000 metros de profundidad, con el objetivo de evitar afectar las reservas de agua dulce.
El problema es que ninguna de las opciones está exenta de cuestionamientos.
Organizaciones ambientales y especialistas han advertido que una parte importante de la cuenca se encuentra sometida a altos niveles de estrés hídrico, lo que ha generado preocupación ante la posibilidad de que el desarrollo de la actividad energética termine ejerciendo presión sobre los recursos disponibles para las comunidades.
De acuerdo con los datos planteados por organizaciones civiles, alrededor de 83% del territorio de la cuenca Sabinas-Burro-Picachos presenta niveles altos o extremos de estrés hídrico, situación que coloca al agua en el centro de la discusión sobre la viabilidad del proyecto.
AGUA TRATADA, UNA OPCIÓN
Ante las dificultades que implicaría obtener agua salobre a grandes profundidades, sectores empresariales e industriales de Coahuila han planteado aprovechar los excedentes de las plantas tratadoras de Piedras Negras y Acuña.
La propuesta contempla utilizar agua previamente tratada y trasladarla hacia las zonas donde pudiera desarrollarse la actividad, bajo el argumento de que esta alternativa evitaría recurrir directamente a los acuíferos y permitiría darle un nuevo uso a un recurso que actualmente es considerado residual.
Sin embargo, la propuesta también abre interrogantes sobre la infraestructura necesaria para transportar el líquido, los volúmenes disponibles y si éstos serían suficientes para atender las necesidades de los pozos piloto.
EL TEMOR: QUE EL AGUA TERMINE SIENDO EL COSTO
El debate ha cobrado especial relevancia por las condiciones hídricas del noreste del país.Organizaciones del frente Noreste Sin Fracking han advertido que, pese a los candados planteados para evitar el uso de agua dulce, persisten riesgos ambientales relacionados con la extracción, manejo y disposición de los líquidos utilizados durante el proceso.
Entre sus principales preocupaciones se encuentra la posibilidad de que fallas en los sistemas de perforación, tuberías o estructuras de protección permitan el contacto de fluidos utilizados durante el fracking con formaciones superiores.
Por ello, los colectivos consideran que la discusión no debe limitarse a determinar si existe gas suficiente para justificar la explotación, sino también a demostrar que existe una fuente de agua que permita desarrollar la actividad sin comprometer el abastecimiento de las poblaciones.