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Finanzas

De Corea a México: millones no faltan al trabajo por enfermedad

A diferencia de Australia y el norte de Europa, donde las bajas médicas buscan proteger la productividad, Corea sobresale debido a su ‘exigencia laboral'


  • 02
  • Junio
    2026

¿Ir a trabajar enfermo o quedarse en casa a recuperar la salud? Lo que a simple vista parece una decisión de bienestar estrictamente personal es, en realidad, el síntoma de profundas grietas culturales, económicas y legislativas que dividen al mercado laboral global. 

Hoy en día, la política de “asistencia perfecta” está bajo la lupa internacional, revelando que en muchas culturas el presentarse a laborar con un diagnóstico adverso no es un acto de heroísmo, sino una imposición sistémica.

En la cúspide de este fenómeno se encuentra Corea del Sur, una nación reconocida por sus extenuantes jornadas y su alto nivel de exigencia. 

Según un reciente informe global de la firma Statista —realizado en adultos de entre 18 y 64 años—, más de la mitad de la población activa surcoreana (53%) confesó no haber faltado ni un solo día a sus labores por motivos de enfermedad durante el último año. 

En el país asiático, el ausentismo médico sigue siendo un tabú arraigado, alimentado por un vacío legal determinante: las empresas no están obligadas por la ley vigente a otorgar permisos con goce de sueldo por padecimientos que no estén estrictamente relacionados con la actividad laboral.

Este rígido escenario contrasta de forma drástica con el de su vecino geográfico, China. 

En China, pese a sus altos niveles de presión laboral, el panorama es distinto: apenas el 29% de los encuestados afirmó haber evitado solicitar una baja médica en los últimos doce meses, lo que sugiere una mayor apertura institucional hacia el descanso por salud.

El modelo de Occidente: Priorizar el bienestar

En el extremo opuesto del espectro laboral se ubica Australia, referente en la conciliación de la vida personal y profesional. 

En suelo australiano, la normalización del descanso es una realidad contundente: un 87% de los trabajadores se tomó los días necesarios para sanar en el último año, dejando a solo un 13% con asistencia perfecta.

Esta tendencia a priorizar la salud física y mental sobre el escritorio se replica con fuerza en el bloque de las potencias occidentales. 

En naciones como Finlandia, Alemania, Suecia, el Reino Unido y Estados Unidos, el porcentaje de empleados que “nunca faltó” a pesar de enfermarse oscila apenas entre el 19% y el 25 por ciento.

Para estos mercados, la ecuación es clara: un empleado enfermo es menos productivo y eleva el riesgo de contagio masivo, afectando el rendimiento general.

Por su parte, la Europa continental exhibe un panorama de claroscuros. En países como Francia y España, la resistencia a ausentarse vuelve a ganar terreno; cerca de cuatro de cada diez personas (aproximadamente el 40%) decidieron no tramitar una baja médica en el periodo evaluado. 

Si bien es una cifra considerable que enciende las alarmas de los sindicatos europeos, el indicador se mantiene aún lejos del estricto estándar surcoreano.

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México, la carga oculta del presentismo

Aunque México no cuenta con una medición directa idéntica a la métrica global de Statista, los principales estudios de consultorías en recursos humanos coinciden en el diagnóstico de una patología laboral silenciosa y muy aguda: el “presentismo”. 

Este fenómeno se define como el acto de acudir a cumplir de cuerpo presente con la jornada laboral, aun cuando el trabajador se encuentra visiblemente enfermo, indispuesto o con las facultades mermadas por un padecimiento.

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Más allá de una supuesta “cultura del esfuerzo”, el presentismo en México está impulsado por realidades estructurales implacables que dejan poco margen de decisión al empleado. 

En primera instancia, el temor a perder el empleo o a represalias, como la reducción de bonos de puntualidad y asistencia, obliga a las personas a saturar las oficinas y centros de producción. A esto se suma la complejidad burocrática. 

Los procesos institucionales para tramitar una incapacidad médica legítima suelen requerir largas horas de espera en salas de atención pública. 

Estas dinámicas generan decisiones de trabajadores que evitan el procedimiento para no perder el día de trabajo.


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