¿Qué es el envejecimiento digital? Así puedes prevenirlo
Los especialistas lo definen como el conjunto de alteraciones cutáneas derivadas de la exposición continuada a la luz azul de dispositivos electrónicos
- 08
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Enero
2026
La vida diaria transcurre rodeada de pantallas y entornos hiperconectados, que han transformado el día a día en una convivencia constante con dispositivos electrónicos. Hace una década, el envejecimiento digital apenas figuraba en el vocabulario dermatológico, pero hoy es uno de los problemas más comunes de la piel.
La farmacéutica Regina Pallás describe este impacto emergente como una prioridad para la investigación inmediata, llamada a convertirse en un eje central de la cosmética del futuro, para el que determinados compuestos y gestos de cuidado diario se convierten en claves contra su avance.
El envejecimiento digital se define como el conjunto de alteraciones cutáneas derivadas de la exposición continuada a la luz azul —o radiación HEV— emitida por pantallas como teléfonos móviles, computadoras y tablets. También engloba la contaminación digital asociada al estilo de vida tecnológico.

Según Pallás, esta radiación posee una capacidad de penetración mayor que la UVB y genera una cascada de efectos perjudiciales: estrés oxidativo, inflamación y deterioro de fibras clave como el colágeno y la elastina. Los resultados son visibles en forma de manchas, pérdida de luminosidad y signos de fatiga que se instalan de manera progresiva.
Aunque este fenómeno comenzó a describirse hace algunos años, la experta señala un punto de inflexión claro: “Desde 2017–2018 y especialmente tras la pandemia, se ha convertido en un fenómeno claramente identificado en dermatología”.
Las largas jornadas frente a pantallas durante el confinamiento aceleraron su reconocimiento científico y situaron la luz azul como un factor externo de impacto comparable al daño provocado por la radiación UV tradicional. (Con información de Agencias)
¿Jóvenes con envejecimiento?
No existe una edad concreta a partir de la cual comienza este proceso. Lo determinante es el aumento de horas de exposición. No obstante, Pallás explica que las generaciones que han crecido con dispositivos desde la adolescencia se convierten así en las primeras en experimentar un envejecimiento condicionado por hábitos digitales.
“Actualmente, los primeros signos pueden observarse a partir de los 20–25 años, sobre todo en pieles que pasan muchas horas frente a pantallas y presentan tendencia a la deshidratación o a la pigmentación”.

Prevenir es mejor que curar
Pallás insiste en una estrategia combinada que empieza por la reducción de exposición siempre que sea posible, la activación de filtros específicos en los dispositivos y la incorporación de pausas visuales periódicas.
A estas medidas se suma una recomendación esencial: el empleo diario de antioxidantes y fotoprotectores que cubran no solo la radiación UV, sino también la luz visible y la luz azul-violeta del espectro visible.
El objetivo es frenar la formación de radicales libres, reforzar las defensas cutáneas y evitar la oxidación acelerada.
Entre las medidas complementarias que pueden integrarse en la rutina diaria, Pallás destaca elementos sencillos pero eficaces: lentes con filtro para minimizar la luz azul directa, regulación del brillo de pantallas, iluminación adecuada del entorno de trabajo y una dieta rica en antioxidantes que actúe como escudo interno.
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