Qué es la paciencia y cómo desarrollarla con mindfulness
De acuerdo con el experto en salud mental, la paciencia permite mantener una respuesta adecuada frente a situaciones que no se desarrollan como se espera
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Enero
2026
La paciencia es una habilidad que puede entrenarse y desarrollarse, y no únicamente una característica con la que algunas personas nacen. Aunque existen diferencias individuales en la capacidad para mantener la calma ante situaciones adversas, el especialista en Mindfulness, Javier Gutiérrez Ornelas, señala en que esta fortaleza es fundamental para el bienestar emocional.

De acuerdo con el experto en salud mental, la paciencia permite mantener una adecuada regulación emocional frente a situaciones que no se desarrollan como se espera, evitando reacciones impulsivas y facilitando una toma de decisiones más consciente.
La paciencia implica sostener el equilibrio emocional ante la incomodidad, sin huir de ella, y estar atentos para actuar cuando realmente es posible generar un cambio. No se trata de resignación, sino de conciencia y autocontrol.
Meditación atencional como herramienta para desarrollar paciencia
Una de las prácticas más efectivas para entrenar la paciencia es la meditación atencional, también conocida como mindfulness. Este ejercicio consiste en detener de forma voluntaria el ritmo cotidiano para enfocar la atención en la respiración y en las sensaciones corporales.
Durante la práctica, es común que aparezcan pensamientos distractores o sensaciones incómodas, lo que se convierte en una oportunidad directa para ejercitar la paciencia al regresar una y otra vez al punto de atención elegido.
Al sostener la atención en la respiración durante varios minutos, la mente aprende a no reaccionar de forma automática. Ese entrenamiento se traslada después a la vida diaria, donde resulta más fácil conservar la calma.
Aplicar la atención plena en actividades cotidianas
Además de la meditación formal, la paciencia también puede fortalecerse al realizar actividades diarias con plena atención, como conducir, caminar o incluso esperar en una fila. Enfocarse en las sensaciones físicas ayuda a disminuir la carga mental asociada a la impaciencia.
Conectar con el cuerpo, el entorno o los estímulos sensoriales permite que los pensamientos de urgencia pierdan intensidad y que el sistema nervioso reduzca los niveles de ansiedad.
Cuando llevamos la atención al contacto del cuerpo con el asiento, al volante o a los sonidos del entorno, los pensamientos de desesperación disminuyen y el sistema nervioso entra en un estado más regulado.
Factores que influyen en la falta de paciencia
La impaciencia tiene un origen multifactorial. Puede estar relacionada con:
- Factores genéticos
- Aprendizajes familiares
- Sobreestimulación digital
- Saturación de actividades diarias
Todo lo anterior mantiene a la mente constantemente proyectada hacia el futuro. Esta combinación de estímulos puede dificultar la concentración en el presente y aumentar la sensación de urgencia permanente.
La exposición constante a información, pendientes y estímulos hace que el cerebro se vuelva más reactivo, generando una necesidad inmediata de que todo avance rápido.
Consecuencias de vivir con impaciencia
A corto plazo, la impaciencia suele detonar emociones como la ira y la frustración, lo que incrementa los conflictos interpersonales. A largo plazo, puede afectar relaciones, proyectos personales y la calidad de vida en general.
El especialista advierte que normalizar la impaciencia como un rasgo inmodificable puede tener consecuencias significativas en la salud emocional.
La impaciencia no solo genera conflictos inmediatos; también puede llevar a abandonar proyectos valiosos y a romper vínculos importantes por no tolerar los procesos naturales de crecimiento.
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