EUA podría haber creado un 'mártir' al matar a Jamenei
Expertos prevén que la muerte del ayatola sirva como ancla para unir a todos los musulmanes chiítas y fortalecer el estado iraní, en lugar de fragmentarlo
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Marzo
2026
La muerte del ayatolá Ali Jamenei en ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel el pasado sábado, ha abierto la crisis más delicada en Irán desde 1979 y creó una posible figura de mártir en el líder de millones de musulmanes chiítas pues no se trata únicamente de la pérdida de un líder político, aniquilaron a un líder religioso y eso agravará la situación.
Mientras Teherán inicia 40 días de luto y declara siete días de feriados públicos, la pregunta central no es únicamente quién sucederá a Jamenei, sino qué tipo de Estado emergerá de esta transición: ¿uno más pragmático o uno más rígido y securitizado?
Tras confirmarse el asesinato de Jamenei, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, aseguró que el proceso constitucional ya está en marcha. Según explicó, un consejo de transición compuesto por el presidente, el jefe del poder judicial y un jurista del Consejo de Guardianes asumió funciones interinas.
El presidente Masoud Pezeshkian confirmó que dicho consejo “ha comenzado su trabajo”. La Constitución iraní establece que la Asamblea de Expertos —un cuerpo clerical de 88 miembros elegidos por voto popular— es la encargada de nombrar al nuevo líder supremo por mayoría simple. La última vez que se activó este procedimiento fue en 1989, tras la muerte del ayatolá Ruhollah Khomeini, cuando el propio Jamenei fue elevado al cargo.
Horas después del anuncio oficial de la muerte de Jamenei, el ayatolá Alireza Arafi fue designado líder supremo interino. Cercano a Jamenei y miembro del Consejo de Guardianes desde 2019, Arafi no posee el peso político de su predecesor, pero su perfil institucional sugiere continuidad más que ruptura.
Cinco funcionarios y analistas regionales coinciden en que el sistema iraní fue diseñado deliberadamente para no depender de un solo hombre. La autoridad está distribuida entre el aparato clerical, el Estado formal y, sobre todo, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
El CGRI: ¿debilitado o consolidado?
El CGRI es considerado por múltiples analistas como el verdadero centro de gravedad del poder iraní. Su mandato constitucional es proteger el sistema de velayat-e faqih (tutela del jurista islámico). Lo respalda el Basij, milicia paramilitar extendida por barrios y universidades.
La incógnita es doble:
- ¿La muerte de Jamenei debilita la cohesión del aparato de seguridad?
- ¿O provoca un cierre de filas que fortalezca a las facciones más duras?
Danny Citrinowicz (Atlantic Council) advierte que “remover a Jamenei podría endurecer el régimen en lugar de debilitarlo”.
Ali Hashem (Royal Holloway) sostiene que el sistema fue construido para sobrevivir pérdidas personales, pero el riesgo está en que la guerra empuje al sistema más allá de su punto de resiliencia.
Michael Mulroy, ex subsecretario adjunto de Defensa de EUA, recuerda un principio clásico: “No se puede facilitar un cambio de régimen solo con ataques aéreos. Si queda alguien vivo para hablar, el régimen sigue ahí”.
Desde la perspectiva estratégica iraní, el asesinato del líder supremo transforma el conflicto en una cuestión existencial y de principios.
Al eliminar al líder iraní, EUA podría haber ignorado varios factores:
- Estructura institucional dispersa: El poder no estaba concentrado exclusivamente en Jamenei.
- Identidad ideológica: Para millones de seguidores, dentro y fuera de Irán, era una figura religiosa, un líder al mismo nivel que el Papa León XIV, es por ello que Pakistaníes irrumpieron en la embajada norteamericana en su país como protesta a la acción de la Casa Blanca.
- Efecto de cohesión externa: La presión extranjera históricamente tiende a consolidar facciones internas.
Las manifestaciones masivas en Teherán y otras ciudades indican que, al menos en el corto plazo, el asesinato ha generado movilización nacional más que fractura inmediata.
Saleh al-Mutairi señala que el período de luto de 40 días crea una “trampa fúnebre” que dificulta el surgimiento de protestas antigubernamentales.
Desde la lógica iraní, la eliminación del líder no reduce la escalada; la acelera. La represalia pasa a ser no solo una opción estratégica, sino una obligación política.
Durante años, Jamenei defendió una doctrina de “paciencia estratégica”, evitando respuestas que desencadenaran en guerra total.
Hassan Ahmadian (Universidad de Teherán) afirma que esa era murió con él. El nuevo cálculo podría inclinarse hacia una política de demostración de fuerza amplia y visible.
La retórica oficial ya refleja ese cambio, el presidente Pezeshkian declaró que la represalia es “un deber y un derecho legítimo”, mientras que el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, habló de “golpes devastadores”.
Esto toma forma real al continuar los ataques y actividad militar en países con bases americanas como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Omán, demostrando que el estado iraní sigue funcionando y no parece dispuesto a desacelerar su ofensiva a pesar del llamado del presidente Trump a los ciudadanos iraníes de “tomar el poder”.
¿Colapso o endurecimiento?
El escenario más repetido entre analistas no es el colapso inmediato, sino la transformación hacia un modelo más securitizado:
- Mayor poder del CGRI.
- Liderazgo menos conciliador.
- Menor margen diplomático.
- Posible desplazamiento del discurso religioso hacia un nacionalismo de supervivencia.
El verdadero punto de inflexión será la elección definitiva del nuevo líder supremo. Si la Asamblea de Expertos elige una figura pragmática, podría abrirse espacio para recalibración táctica. Si opta por un perfil de línea dura, la escalada podría institucionalizarse.
El futuro inmediato plantea tres escenarios:
1. Continuidad controlada
Transición rápida, cohesión institucional y represalias calibradas. El sistema se mantiene.
2. Endurecimiento estructural
Consolidación del CGRI y liderazgo más rígido. Mayor confrontación regional prolongada.
3. Espiral regional ampliada
Ataques a infraestructura militar estadounidense en el Golfo, represalias sucesivas y desestabilización energética global.
La muerte de Ali Jamenei no parece haber desmantelado el sistema iraní. Más bien, ha activado sus mecanismos de supervivencia. Si Estados Unidos e Israel apostaron a que la eliminación del líder supremo produciría desorientación o colapso, los primeros indicios sugieren lo contrario: movilización interna, activación constitucional y cohesión en torno al aparato de seguridad.
La incógnita central no es si Irán sobrevivirá a la pérdida de su líder —todo indica que sí— sino qué forma adoptará su gobernabilidad tras la avanzada de una guerra. La sucesión no es solo un trámite constitucional; es el punto donde se define si Oriente Medio entra en una fase de disuasión contenida o en una confrontación prolongada cuyo desenlace es incierto.
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