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Internacional

Trump cumple su primer año de mandato… y está cambiando el mundo

Entre confrontaciones, aranceles y acciones militares, el primer año de Trump reactivó la incertidumbre internacional y reconfiguró la política exterior de EUA


  • 20
  • Enero
    2026

El primer año del segundo mandato de Donald Trump no fue un simple regreso al poder. Fue, más bien, una reafirmación de una forma de ejercer la presidencia que prioriza el impacto inmediato sobre el consenso, la confrontación sobre la diplomacia clásica y la acción unilateral sobre el multilateralismo. Entre enero de 2025 y enero de 2026, el mundo volvió a orbitar —para bien o para mal— alrededor de Washington.

Desde su toma de posesión, Trump dejó claro que esta nueva etapa no sería moderada. La retirada de compromisos climáticos internacionales, apenas días después de asumir, marcó el tono: Estados Unidos volvía a desmarcarse de los grandes acuerdos globales en nombre de la soberanía económica y energética. Para aliados europeos y países vulnerables al cambio climático, el mensaje fue inequívoco: el liderazgo estadounidense ya no pasaría por la cooperación ambiental.

Pero fue en Medio Oriente donde el impacto fue más inmediato y explosivo. La propuesta de que Estados Unidos tomara control de la Franja de Gaza —acompañada de la idea de desplazar a su población para una “reconstrucción” futura— generó una ola de rechazo internacional. Gobiernos árabes, organismos de derechos humanos y expertos en derecho internacional coincidieron en señalar el plan como impracticable y peligroso. Aun así, la propuesta cumplió su objetivo político: colocar a Trump, una vez más, en el centro del tablero global.

La escalada continuó con ataques militares en Yemen y, meses después, con bombardeos directos a instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní. Esta última acción fue vista por muchos analistas como la jugada más arriesgada de su año inicial: un movimiento capaz de redefinir el equilibrio regional o de detonar una escalada mayor. El mundo observó con una mezcla de temor y expectativa, consciente de que cada decisión podía tener consecuencias globales inmediatas.

En paralelo, Trump abrió un nuevo frente: la economía internacional. El anuncio de aranceles generalizados —que afectaron tanto a adversarios estratégicos como a aliados históricos— reavivó el fantasma de una guerra comercial global. Mercados inestables, tensiones diplomáticas con la Unión Europea y una relación aún más áspera con China fueron el precio de una política que privilegió la presión directa como herramienta negociadora.

El capítulo ruso añadió otra capa de complejidad. Entre ultimátums, amenazas de sanciones extremas y una cumbre altamente simbólica con Vladimir Putin, la postura estadounidense frente a la guerra en Ucrania osciló entre la confrontación y la ambigüedad estratégica. Para algunos, fue pragmatismo; para otros, una señal inquietante sobre la fiabilidad de Estados Unidos como aliado.

Finalmente, sus acciones militares marcaron la tensión geopolítica más grande en años, en primera instancia contra Irán al bombardear sus centrales nucleares, buscando con esto terminar la guerra de 12 días contra Israel; y por otra parte contra Venezuela, a quienes intimidó por meses con ataques a navíos en el Caribe, terminando con la aprehensión del presidente Nicolás Maduro.

No todo ocurrió fuera de las fronteras. Las protestas masivas dentro de EUA, muchas de ellas con eco internacional, proyectaron una imagen de polarización profunda. Ciudades llenas de manifestantes y titulares en medios extranjeros reforzaron la percepción de un país dividido, gobernado por un presidente que despierta adhesión fervorosa y rechazo igual de intenso.

Al cerrar este primer año, el balance es claro: Trump volvió a cambiar el clima internacional, no necesariamente mediante tratados o grandes consensos, sino a través de decisiones que obligaron al mundo a reaccionar. Sus críticos ven un liderazgo que erosiona normas, debilita instituciones y aumenta la incertidumbre global. Sus seguidores, en cambio, celebran a un presidente que —según ellos— volvió a colocar a Estados Unidos en una posición de fuerza incuestionable.

Lo indiscutible es que, en solo doce meses, el segundo mandato de Trump reinstaló la política del sobresalto: un estilo que convierte cada mes en un punto de inflexión y que recuerda al mundo que, con Donald Trump en la Casa Blanca, la estabilidad nunca está garantizada.


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