Pan y calaveritas: símbolos dulces de la identidad mexicana
Las calaveritas de azúcar y el pan de muerto, son una invitación a celebrar la vida a través del recuerdo, a reír con la muerte, y a perpetuar una tradición
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Octubre
2025
En México, el Día de Muertos no se entiende sin dos elementos que llenan de aroma y color las ofrendas: Las calaveritas de azúcar y el pan de muerto. Ambos son emblemas que sintetizan siglos de historia, espiritualidad y arte popular.
Su presencia en los altares no sólo es decorativa; representan la dulzura de la vida, la comunión con los difuntos, y el ciclo eterno entre la muerte y la existencia.
El origen de las calaveritas se remonta al México prehispánico, donde los pueblos mesoamericanos realizaban ofrendas con cráneos reales o tallados para honrar a los muertos y celebrar la continuidad del ciclo vital.
Con la llegada de los españoles, el azúcar, introducida por los conventos coloniales, se convirtió en el nuevo material para modelar figuras religiosas y festivas. De esta fusión nació la calaverita que hoy adorna los altares.

“Las calaveras de azúcar representan a las personas que han partido y el azúcar simboliza la dulzura de la vida”, explica Silvia Natalia Islas, directora de promoción de La Casa del Artesano en Tlaquepaque, Jalisco.
Por su parte, el pan de muerto tiene raíces igualmente mestizas. Los pueblos originarios ofrecían panes de amaranto o maíz teñidos con sangre de sacrificios; tras la conquista, el pan de trigo sustituyó a esos rituales. En su forma circular se refleja la idea del ciclo de la vida y la muerte, mientras que la bolita central representa el cráneo y las tiras cruzadas evocan huesos.
“El pan de muerto es el símbolo de comunión entre vivos y difuntos. Es un alimento ritual que se comparte con quienes ya no están, pero siguen siendo parte de nuestra mesa”, comenta el historiador gastronómico José Iturriaga de la Fuente, autor de La cultura del pan en México. (Con información de Agencias)

El porqué de su presencia en el altar
Tanto el pan como las calaveritas tienen una razón espiritual dentro del altar de muertos. El pan de muerto representa la generosidad y el sustento para las almas visitantes; mientras que la calaverita, con su sonrisa colorida, recuerda que la muerte no es final, sino un tránsito natural.
Además, el azúcar, ingrediente central, tiene una connotación especial: Ofrece energía a los espíritus y equilibra el carácter solemne de la celebración con su dulzura.
Algunas curiosidades
Personalización viva: Es costumbre escribir en la frente de la calaverita el nombre del difunto, o incluso de un amigo, como gesto humorístico.

Regiones emblemáticas: Toluca, Guanajuato y Puebla, destacan por sus ferias del alfeñique, donde las calaveras se elaboran con azúcar, chocolate o amaranto.
Pan con historia: En Oaxaca, el pan de muerto se adorna con caritas de azúcar o figuras pequeñas; en Michoacán, el “pan de ánimas” es una variante ancestral decorada con azúcar rosa.
Aromas simbólicos: El pan se perfuma con azahar, anís o ralladura de naranja, evocando pureza y el recuerdo del difunto.
Color y forma: Las calaveras y panes se elaboran con moldes heredados, algunos de barro o metal, que han pasado de generación en generación.
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