Super Bowl LX: un 'campo de batalla' político
El boricua usó el medio tiempo para celebrar la identidad latina y enviar un mensaje de inclusión, lo que desató críticas de Donald Trump y reacciones políticas
- 09
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Febrero
2026
Bad Bunny utilizó la plataforma más "americana" que existe —el Super Tazón de EUA— para combatir el miedo con música e identidad, ¡latina!
En una noche que trascendió lo deportivo, Benito Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, transformó el medio tiempo del Super Bowl 2026 en un poderoso mensaje de inclusión y orgullo latino.
Con un atuendo en color blanco, combinando camisa, corbata y un jersey de la NFL, el boricua cargaba un significado de paz y pureza, además de portar el número 64 en su espalda, rindiendo un silencioso homenaje a las víctimas oficiales reportadas tras el impacto del huracán María en 2017, una herida aún abierta en la memoria de Puerto Rico.
Lejos de la opulencia tradicional de estos espectáculos, Benito decidió recrear la esencia del barrio, del viejo San Juan con tienditas de conveniencia, representando el motor económico de la comunidad.
También con su “casita” simbolizó la calidez latina y la política de puertas abiertas hacia quienes lo necesitan.
El espectáculo se elevó con invitados de lujo: Lady Gaga puso el toque latino cantando en inglés a ritmo de salsa, mientras que Ricky Martin reafirmó el mensaje de paz y orgullo boricua luciendo también de blanco.
En un momento cumbre, el cantante entregó un gramófono (Grammy) a un niño pequeño, un acto simbólico que representó el cumplimiento de los sueños para las nuevas generaciones.
El desfile de banderas de todos los países de América y el cierre con un emotivo "God Bless..." que incluyó a todo el continente, fue interpretado como un desafío directo al discurso antiinmigrante predominante.
Cantar íntegramente en español en este contexto no fue solo una elección artística, sino un acto de soberanía cultural. Con esta presentación, el ganador del Grammy no solo dio un concierto; le dio voz a millones de familias latinas, recordándoles que su cultura es sinónimo de dignidad y pureza.
Con todo esto, el Super Bowl es un magno evento que se ha ido transformando con el tiempo, pasando de la cúspide del fútbol americano a la comercialización, la guerra de comerciales, el histrionismo del medio tiempo y, más recientemente, un punto de expresión política y cultural en Estados Unidos y el resto del mundo.
Trump lo rechaza
El presidente Donald Trump fue el menos entusiasmado por la noticia de quién dirigiría el Halftime Show este año, lo cual provocó que decidiera no asistir al juego final entre los Patriotas y los Halcones Marinos.
Una vez que el cantante latinoamericano terminó su número, el mandatario republicano reaccionó con dureza, calificándolo como “absolutamente terrible” y “uno de los peores de la historia”, argumentando que “no representa” lo que, según él, son los valores estadounidenses. Estas declaraciones fueron emitidas a través de sus redes sociales, donde Trump también asoció el espectáculo con una supuesta falta de sentido y criticó que estuviera principalmente en español.
Trump, que ya había anunciado que no asistiría al juego —en parte por la presencia de Bad Bunny y del grupo Green Day— reiteró su postura política contra la cultura que, a su juicio, “siembra odio” y divide a la sociedad estadounidense.
Además de Trump, figuras políticas de distintos sectores reaccionaron al evento con distintos matices. Por un lado, los activistas conservadores promovieron alternativas al show con espectáculos paralelos y defendiendo una visión más tradicional del evento.
Tal fue el caso de Turning Point USA (fundada por el hoy fallecido Charlie Kirk), quienes decidieron organizar un evento alternativo: el llamado All American Halftime Show, transmitido en redes sociales y presentado como una celebración de la “fe, la familia y la libertad” estadounidenses. El cartel lo encabezó la estrella estadounidense Kid Rock, acompañado por Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett.
Por otra parte, voces culturales y políticas de otros países interpretaron el show como una declaración de diversidad e inclusividad. El espectáculo, mayoritariamente en español y con símbolos de múltiples países latinoamericanos, fue interpretado por analistas como un acto de afirmación cultural que trasciende las fronteras deportivas.
Bad Bunny había marcado el tono días antes durante su discurso en los Grammy, donde hizo una fuerte crítica al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), pidiendo directamente que se retirara (“ICE out”), lo que fue recibido con ovaciones y encendió el debate político alrededor de su participación en el Super Bowl.
Durante el halftime, más allá de la música, elementos visuales como banderas, mensajes en pantalla como “THE ONLY THING MORE POWERFUL THAN HATE IS LOVE” y la frase “TOGETHER, WE ARE AMERICA” en un balón de fútbol capturaron la idea de unión entre culturas y comunidades diversas.
Así finalizó el show de Bad Bunny con una potente declaración política de inclusión hacia todos los países del continente, desde Chile hasta Canadá, y que contrasta con las políticas de exclusión migratoria defendidas por sectores conservadores.
ICE desplazado
El debate sobre ICE —y su papel en políticas migratorias restrictivas— volvió a la palestra con ocasión del Super Bowl. Aunque organizaciones oficiales y autoridades deportivas aclararon que no habría operativos del ICE específicamente en el estadio, el tema permaneció en el discurso político previo y posterior al evento, marcando un ambiente de tensión y preocupación entre comunidades inmigrantes y activistas.
Más aún, miles de aficionados recibieron toallas con consignas contra ICE como parte de una protesta simbólica organizada por coaliciones activistas, reflejando cómo grandes eventos culturales pueden convertirse en espacios de expresión política y social.
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