Van por 'freno’ a contaminación... cobrarían millonada a industria por quema de combustibles
Analistas prevén que gravamen podría ahuyentar inversión en NL o hasta que empresas paguen para ‘poder contaminar’
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Agosto
2020
NUEVO LEÓN.- El Congreso de Nuevo León tiene ya ‘‘en bandeja’’ una propuesta para aplicar un nuevo impuesto a las empresas que queman combustóleo y realizan emisiones contaminantes.
Si se aprueba, como ya ocurrió en Tamaulipas y Zacatecas, el nuevo gravamen podría dejar ingresos millonarios a las arcas estatales.
Por ejemplo, sólo a Ternium, CFE y la refinería de Cadereyta, las tres empresas que más emiten bióxido de carbono (CO2) en la entidad, se les cobrarán en conjunto $1,596 millones de pesos por ese contaminante.
El pasado 22 de junio, el coordinador de la bancada del PAN en el Congreso local, Carlos de la Fuente, y el diputado federal de ese partido, Hernán Salinas, presentaron una iniciativa de reforma a la Ley de Hacienda del Estado para agregarle un capítulo de nueve artículos con los que crean “impuestos ambientales”.
Estos se cobrarán a todas las empresas que emitan gases de efecto invernadero, como CO2, metano, óxido nitroso, hidrofluoro-carbono, perfluoro-carbono y hexafluoruro de azufre, con todas sus variantes. Todos ellos son producto de la quema del combustóleo y otros hidrocarburos.
La propuesta plantea que por cada tonelada de gas de efecto invernadero a la empresa se le cobre de 1 a 22,200 Unidades de Medición y Actualización (UMA); en el caso del CO2, la cuota se multiplicará por tres.
“La contribución se causará en el momento que los contribuyentes realicen emisiones a la atmósfera, gravadas por este impuesto y que afectan el territorio del estado, aplicando una cuota impositiva por el equivalente a tres veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización, por tonelada emitida de bióxido de carbono o la conversión del mismo”, dice el artículo 153 bis.
Según los promoventes, el impuesto no tiene afán recaudatorio, sino de impulsar que las empresas mejoren sus procesos e inviertan en tecnología anticontaminación.
“Analizamos cuál es la mejor manera para garantizar dos fines: la calidad del aire y, obviamente, no tener una afectación para la actividad industrial’’, explicó Hernán Salinas.

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