Michoacán, atrapado por el crimen organizado
Cárteles y células locales controlan rutas, cultivos y municipios; el cobro de piso al limón y aguacate mantiene un sistema criminal que somete a la población
- 04
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Noviembre
2025
Michoacán ya no vive bajo la ley: vive a merced de quien cobra el derecho de piso y la extorsión. En cada carretera rural, en cada huerta y en cada negocio, el crimen organizado impone tarifas, siembra el miedo y decide quién trabaja. Gobernantes locales y fuerzas federales son testigos de un sistema criminal que extorsiona al limón, al aguacate y a la madera; secuestra empresarios y transportistas; aniquila alcaldes incómodos, controla municipios completos y se adueña de los caminos que usa para el tráfico de drogas. Hoy, el estado no solo está desbordado: está subordinado a la renta delictiva.
Michoacán está infestado de cárteles y organizaciones criminales que se reparten el territorio como un botín. Desde Tierra Caliente hasta la Meseta Purépecha y el oriente del estado, la presencia de grupos armados supera a las fuerzas del orden.
Las siglas del CJNG, los Cárteles Unidos, Los Viagras, La Nueva Familia Michoacana y células locales como Los Blancos de Troya o el Cártel de Zicuirán se mezclan en un mapa de poder donde no hay líneas fijas, solo zonas dominadas por quien impone más miedo.
Cada región tiene su dueño, su alianza y su economía criminal.
Tierra Caliente: el frente más sangriento
En la Tierra Caliente, es decir, en Apatzingán, Buenavista, Aguililla, Tepalcatepec, Múgica, La Huacana, Nueva Italia y Tumbiscatío, el dominio se reparte entre el CJNG y el bloque regional Cárteles Unidos. Los Viagras operan por su cuenta en la zona y han mantenido una alianza reciente con el CJNG dentro del conflicto por el control de Michoacán.
La extorsión al agro, especialmente a productores de limón y aguacate, es la principal fuente de ingresos en la región. Los grupos exigen pagos por cada kilo cortado, por el traslado y por la comercialización; controlan huertas, empacadoras y caminos rurales. A ello se suman el trasiego de metanfetamina y cocaína y los peajes a transportistas y comercios. Los enfrentamientos entre las células de Tepalcatepec y el CJNG mantienen una línea de fuego constante en la sierra, donde las comunidades viven bajo la amenaza de uno u otro bando.
Uruapan: la caja del aguacate
En el valle aguacatero que comprende Uruapan, Taretan, Ziracuaretiro, Tancítaro y Nuevo Parangaricutiro, el control es por cuotas. Aquí el CJNG y las células de Cárteles Unidos imponen el precio del “permiso” para cortar, empacar o transportar el fruto. Cada etapa de la producción tiene dueño. A la par, crece el narcomenudeo urbano, que garantiza liquidez y presencia territorial.
Oriente: la bisagra de las rutas
En el oriente michoacano, donde se ubica Zitácuaro, Tuzantla, Susupuato, Ocampo y Jungapeo, la disputa es entre el CJNG y la Nueva Familia Michoacana. Durante 2025, esta rivalidad derivó en balaceras, bloqueos y cateos en ranchos que servían de bases operativas. La región es la puerta de enlace entre el Pacífico y el centro del país, esencial para el traslado de droga, combustibles y mercancías.
A diferencia del valle, aquí el interés no está en los cultivos, sino en el control de las rutas y mercados locales: gasolineras, transporte, abasto y venta de combustible robado.
Los brazos locales
Dentro de esa estructura, Los Viagras son un núcleo operativo que controla el cobro al agro, la venta de droga y las alianzas con grupos de choque como Los Blancos de Troya, responsables de secuestros y torturas contra limoneros en Tierra Caliente.
Del lado del CJNG, el Cártel de Zicuirán opera como aliado estratégico en la franja Zicuirán–Nueva Italia–La Huacana, proporcionando hombres, armas y conocimiento del terreno. Esa zona, conocida como la “cintura” del estado, se usa como corredor de maniobra cuando el conflicto se recrudece en Apatzingán o Buenavista.
Un sistema que se retroalimenta
Las tres zonas no funcionan de forma aislada. Cuando Tierra Caliente se enciende por los choques entre Tepalcatepec y CJNG, los grupos de La Huacana y Zicuirán presionan hacia el valle aguacatero. Si el oriente se bloquea por enfrentamientos, se encarece el tránsito y Uruapan gana valor como punto de recaudación. Michoacán es hoy un sistema conectado de poder criminal, donde el movimiento en una zona repercute en las otras.
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