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Nuevo León

Diabetes crece en niños y jóvenes, alertan especialistas

Santiago vive con diabetes desde los dos años y aprendió a controlarla desde niño, mientras Yessenia fue diagnosticada en la adultez


  • 02
  • Febrero
    2026

Santiago, este año cumple 12 años, pero desde sus dos años vive con diabetes tipo 2.  

Todos los días se inyecta insulina. Lo empezó a hacer cuando cumplió 9. Aprendió a aplicarse insulina solo, guiado por su papá y por médicos. Su vida transcurre entre horarios, cuidados y una atención permanente a lo que su cuerpo le avisa. “Me lo inyecto yo solo desde los 9 años. Con ayuda de mi papá aprendí; me ayudó mucho y también me ayudaron los doctores. Me enseñaron a inyectarme por aquí, por la pancita, o en el muslo. Lo hago en las horas de la comida”, cuenta. Él sabe reconocer cuándo “la azúcar”, como le llama a la glucosa, empieza a bajar. Y cuando eso pasa, hay alertas.

“Hay cosas de la enfermedad que tengo que saber. Por ejemplo, cuando me baja el azúcar. Hasta 100 es más que perfecto; si tengo 60, es que ando bajo y sí es recomendado subirme con algo, comer algo”, explica. No solo le ocurre en casa o en la calle. También le ha pasado en la escuela. Ahí, Santiago tiene un kit de rescate y sabe exactamente qué hacer.  

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“Si ando bajo de la azúcar, le pido permiso a mi maestra para salir tantito porque me siento mal. Voy a la dirección, les digo lo que pasó y como lo que hay en la cajita para que me suba el azúcar. No mucho, poquito, para no sentirme mal”, dice con naturalidad. Especialistas aseguran que los menores que crecen siendo conscientes de su diagnóstico suelen ser los mejores pacientes. Aprenden desde temprano cuáles son los límites, qué sí pueden consumir y qué solo con moderación. Eso quedó claro cuando se implementó la estrategia nacional Vida Saludable, impulsada por el Gobierno de México, que eliminó alimentos y bebidas ultraprocesadas de las tienditas escolares.  

Para Santiago, el cambio no fue un problema: ya estaba normalizado en su vida. “Yo no sentía nada que comieran eso. No me molestaba; de hecho, me sentía bien por ellos. Si ellos querían comer a gusto, yo los dejaba. Y mientras… yo comía mi lonche con agüita”, relata.  

“Crecen ya con el diagnóstico y para ellos es parte de su día a día llevar una alimentación balanceada, aplicarse insulina, respetar horarios del medicamento y conocer el control de carbohidratos”, explica la especialista en nutrición de la Unidad de Control Metabólico, del IMSS, Diana Montoya. 

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Pero la historia suele ser distinta cuando la diabetes llega en la adultez o incluso en la juventud. Ahí, el primer obstáculo suele ser la negación. “Hay pacientes que ya saben que son diabéticos y no llevan su alimentación, no usan sus medicamentos o no hacen actividad física.  

Todo eso conlleva las cifras que se registran en el país”, explica José Luis Aguilar Salas, médico familiar y educador en diabetes del IMSS. Ese fue el caso de Yessenia Ramírez. Tenía 24 años cuando fue diagnosticada con diabetes tipo 2, hace apenas cuatro años. 

“La primera vez estaba deprimida. No lo quería aceptar, no quería ni salir, me sentía señalada”, recuerda. Su cuerpo, dice, había dado señales desde mucho antes, pero las ignoró.  “Desde los 18 años empecé a aumentar mucho de peso. Todo lo que comía me hacía mal, tenía atracones de comida, dolores de cabeza constantes, fatiga, se me iba el sueño. Me empezó a afectar en todo”, cuenta. 

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“El cuerpo sí te da señales, nada más que a veces uno no las quiere aceptar”, dice Yessenia. Los médicos advierten que la diabetes ya no es una enfermedad exclusiva de adultos.  

“Es una enfermedad que ha estado presente desde hace muchos años, pero últimamente hemos tenido casos de niños y personas jóvenes. Antes decíamos que era una enfermedad de adultos”, agregó Aguilar Salas.  Hoy, tanto Santiago como Yessenia viven con rutinas estrictas. Él se revisa la glucosa antes de comer con un pequeño dispositivo. Ella organiza sus horarios, sus alimentos y su actividad física.  

“El turno completo en el trabajo te quita todo el tiempo. Ya no es levantarte e irte a trabajar y comer cualquier cosa en la calle. Tienes que programarte: desayunos, comidas, porciones, calorías, buscar opciones saludables y hacer ejercicio”, explica Yessenia. Dos historias distintas. Un niño y una joven adulta. Pero ambas reflejan una misma realidad: la diabetes avanza y aparece cada vez a edades más tempranas. 

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