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Nacional

Extranjeros encubiertos: ¿también hay en México espías rusos?

Casos en Austria evidencian cómo el espionaje puede operar bajo distintas fachadas, reavivando dudas sobre la presencia y el alcance de vigilancia extranjera


  • 28
  • Abril
    2026

En Viena, el espionaje no llegó con uniforme ni con una operación armada. Llegó, según las sospechas de Austria y los hallazgos de The Insider, bajo una fachada mucho más discreta, la de corresponsales acreditados de la agencia estatal rusa TASS. Primero fueron dos periodistas señalados como presuntos agentes del SVR, el servicio de inteligencia exterior ruso. Después llegaron otros dos enviados que también quedaron bajo sospecha por sus vínculos con una casa de seguridad en Moscú, contactos con una instructora de inteligencia y trayectorias alejadas del periodismo tradicional.

El caso austríaco abre una pregunta incómoda para México. Si en Europa una cobertura periodística pudo ser investigada como posible fachada de espionaje, ¿qué tan lejos estaría México de enfrentar formas similares de observación extranjera, sobre todo en un país vecino de Estados Unidos, atravesado por cooperación en seguridad, narcotráfico, migración, comercio, energía y disputas políticas de alto interés internacional?

La pregunta no nace de la nada. En Chihuahua, agentes de la CIA habrían participado en operaciones dentro de territorio nacional sin autorización federal, vestidos con uniformes de una corporación local y bajo coordinación estatal. Además, desde 2023 Texas tuvo acceso a miles de cámaras de videovigilancia de la plataforma Centinela mediante un acuerdo firmado por Maru Campos con el gobernador Greg Abbott. 

En ese punto, Viena y Chihuahua se conectan por una misma inquietud. El espionaje moderno rara vez se presenta como espionaje. A veces aparece como periodismo, cooperación, capacitación, diplomacia, tecnología o intercambio de inteligencia.

Austria y la fachada periodística bajo sospecha

En junio de 2024, Austria revocó la acreditación de dos corresponsales de TASS, Ivan Popov y Arina Davidyan, bajo la sospecha de que no eran periodistas, sino espías del SVR ruso. Tras ese caso, Viena dejó vacía durante más de un año la oficina de prensa de la agencia rusa y condicionó cualquier nueva acreditación a un proceso de revisión más estricto.

A finales de agosto llegaron dos nuevos corresponsales, Olga Kukla y Maksim Cherevik. A simple vista, ninguno parecía levantar alertas inmediatas, pero sus perfiles abrieron dudas. Kukla venía del sector energético ruso, con paso por empresas vinculadas al gas y sin antecedentes claros en periodismo. Cherevik había pasado por Rosneft, apareció como corresponsal de TASS en Pekín, publicó pocos reportes desde China y después participó en proyectos de propaganda antes de ser enviado a Viena.

La pista más llamativa fue doméstica. Según registros de entrega, ambos habrían pedido pizza a un departamento en Moscú vinculado al SVR, descrito como una casa de seguridad usada para preparar agentes. Además, Cherevik habría mantenido contacto con una instructora de la Academia del SVR especializada en Alemania, Austria y Suiza. Ese dato reforzó la sospecha de que la cobertura periodística podía funcionar como fachada de inteligencia.

La hipótesis incómoda para México

El caso de Austria no prueba que algo igual ocurra en México, pero sí permite plantear la pregunta. Si una agencia de noticias estatal pudo quedar bajo sospecha en Viena, un país con sedes de organismos internacionales como el OIEA, la OPEP y la OSCE, ¿qué tan expuesto puede estar México, donde confluyen intereses de seguridad, energía, migración, crimen organizado, comercio y política interna?

México no solo es vecino de Estados Unidos. También es un punto estratégico para agencias extranjeras por su frontera, su relación con Washington, el tráfico de drogas, las rutas de armas, la presión por el fentanilo, la revisión del T-MEC y las decisiones de la Cuarta Transformación. Bajo esa lógica, la observación extranjera no tendría que limitarse al crimen organizado. También podría buscar información política, institucional, energética, migratoria o estratégica.

Ahí está el punto central. El espionaje ya no necesita entrar siempre por la puerta de una operación clandestina. Puede aparecer bajo coberturas menos visibles, como corresponsales, asesores, consultores, capacitadores, diplomáticos, enlaces técnicos, empresas de seguridad, plataformas tecnológicas o convenios estatales.

Chihuahua, el espejo mexicano

El 19 de abril de 2026, un convoy oficial se desbarrancó en la sierra de Chihuahua y murieron dos mandos locales y dos estadounidenses, identificados después como Richard Leiter Johnston y John Dudley Black. El gobierno estatal dijo que eran instructores de drones, pero reportes periodísticos señalaron que eran agentes de la CIA adscritos a Monterrey y que venían de participar en un operativo contra un gran laboratorio de metanfetamina. 

El caso escaló porque habrían operado sin autorización federal, con uniformes de la Agencia Estatal de Investigación, y México envió un extrañamiento formal a Estados Unidos; además, no eran solo dos agentes, sino cuatro.

El escándalo no se quedó en el operativo. También abrió otro frente por Centinela, el sistema de videovigilancia de Chihuahua integrado por unas 4 mil cámaras. Desde 2023, el gobierno estatal permitió a agencias de seguridad de Estados Unidos acceder a esa plataforma mediante un acuerdo firmado por Maru Campos con el gobernador de Texas, Greg Abbott.

Ese punto cambió el tamaño de la discusión. Ya no se trataba solo de agentes extranjeros en un operativo serrano, sino de accesos concretos a información sensible. En Austria, la pista fue una acreditación periodística. En Chihuahua, fueron uniformes mexicanos y una red de cámaras conectada con Texas.

El hilo común entre Viena y Chihuahua

Viena y Chihuahua no son el mismo caso, pero comparten una advertencia. En Austria, el foco está en presuntos agentes rusos que habrían usado cobertura periodística, casas de seguridad, contactos con instructores del SVR y estructuras vinculadas a desinformación. En Chihuahua, el centro de la crisis es la participación de agentes de la CIA en una operación contra el narcotráfico sin autorización federal, con uniformes mexicanos y bajo coordinación estatal.


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