Entre el fuego y el duelo: Las cicatrices de la adicción
Dos jóvenes relatan cómo las drogas destruyeron a sus familias y proyectos, y cómo hoy, en rehabilitación, luchan por reconstruir su vida
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Enero
2026
El robo a la propia familia, el incendio del hogar, la pérdida de empleos y el abandono de los estudios son las marcas de un pasado compartido.
Para Alejandro de la Cruz y Norman González, el consumo de sustancias no solo destruyó sus proyectos personales, sino que fracturó sus vínculos más sagrados. Hoy, desde el centro de rehabilitación "Guerreros de Luz", ambos buscan reconstruir sus vidas sobre las cenizas de sus errores.

Alejandro: el dolor es una ausencia
A sus 26 años, Alejandro de la Cruz conoce bien el ciclo de la recaída; ha pasado por ocho procesos de internamiento.
Sin embargo, esta última vez es distinta: el apoyo que su madre solicitó para ingresarlo fue su último acto de amor. Alejandro entró al anexo buscándola a ella, pero ya no la verá salir. Ella falleció mientras él intentaba sanar.
"Andaba robándole a mis padres, les faltaba al respeto a ellos y a los vecinos. Mi adicción era sucesiva; ya no trabajaba, solo me tiraba al vicio", confiesa Alejandro con el peso del arrepentimiento.
A pesar de haber perdido su principal pilar, actualmente se mantiene sobrio y colabora en el centro. Su sueño es estudiar Contabilidad, pero la orfandad lo ha dejado sin recursos económicos.
"Ahora que no tengo a mi papá ni a mi mamá, el apoyo me lo brindan aquí. Quisiera estudiar, pero hoy mi realidad es trabajar para salir adelante".
“Trabajando aquí, pues la verdad sí quería estudiar, pero pues ahorita en realidad no tenemos lo que es la economía, porque ahorita pues ya no tengo mi papá, ya no tengo mi mamá y pues ahorita pues me están brindando el apoyo aquí por eso de que estoy trabajando aquí”, indicó.

Norman: el despertar tras el incendio
Para Norman González, de 32 años, el fondo llegó envuelto en llamas. En medio de un episodio de consumo, un accidente con un bote de thinner provocó una explosión que casi consume su casa y le dejó quemaduras de segundo grado en las piernas.
"Casi quemo la casa con mi madre adentro. Ella está enferma de diabetes y la puso muy mal. Ella no quería internarme, pero sabía que era la única opción para que yo dejara de drogarme", relata Norman, quien también recuerda con vergüenza cómo llegó a quitarle el plato de comida a su madre o a gritarle sin sentido.
Tras completar su proceso terapéutico, Norman ha encontrado un propósito en el servicio. Actualmente, es el encargado de la cocina en "Guerreros de Luz", donde transforma su energía en alimentar a sus compañeros y mantener el orden. Pero su meta final está fuera de esos muros: quiere regresar a casa para sanar la relación con su hermano y sus sobrinas, y retomar su carrera trunca en Ingeniería en Sistemas.
“Voy a volver a mi casa con mi familia. Sí, voy a volver a mi casa con mi familia. Mi meta es esta Volverá a conseguir un trabajo. Y por seguir con mis estudios, que la facultad trunca y quiero Ingeniería en Sistemas”.

Una nueva oportunidad
Tanto Alejandro como Norman representan la lucha diaria contra la dependencia. En "Guerreros de Luz", han pasado de ser víctimas de sus adicciones a servidores de su comunidad.
Aunque el camino hacia la reinserción social y educativa es cuesta arriba por la falta de recursos, ambos mantienen la esperanza de que, esta vez, el cambio sea definitivo.
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