Llevan homenaje sobre el 20 aniversario de Pasta de Conchos
Después del homenaje, los deudos de Pasta de compartieron un refrigerio. Conversaron. Se abrazaron y consolaron mutuamente
- 19
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Febrero
2026
El amanecer llegó teñido de rojo, como si el cielo hubiera decidido acompañar el dolor que, veinte años después, sigue respirándose en este lugar.
A las dos de la madrugada, cuando el silencio es más profundo y la memoria más cruel, un grupo de viudas encendió veladoras en el campamento principal de Pasta de Conchos.
Ahí, donde hace dos décadas quedaron atrapados 65 mineros bajo toneladas de roca y abandono, comenzó el homenaje. No hubo discursos largos; en cambio, hubo sollozos y rezos y nombres pronunciados con voz quebrada.
Porque el 19 de febrero no es una fecha en el calendario: es la madrugada interminable que nunca terminó para ellas.

El santuario del dolor
Con el paso de las horas, la luz del día reveló un nicho principal cubierto de flores, coronas y fotografías impresas en playeras. Rostros jóvenes, miradas firmes, sonrisas detenidas en el tiempo.
Las viudas y los hijos participaron en una celebración religiosa encabezada por el obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Alfonso Miranda Guardiola, quien definió el sitio como un “santuario del dolor y de la esperanza”.
Los abrazos eran largos. Los llantos, contenidos, y las miradas, fijas en la tierra.
Reina Patlán de Anda, hija de Tomás Patlán Martínez, regresó una vez más al lugar donde perdió a su padre, ella tenía tan solo nueve años cuando ocurrió la explosión.
“Siempre estaba con nosotros”, recordó.
Hoy es madre, y sus hijos preguntan por ese abuelo que conocen por fotografías y por historias que otros les cuentan: “Era muy sonriente, siempre ayudaba”.
Cada aniversario duele. “Aunque pasen más de 20 años, siempre va a doler”, dice.

Veinte años de ausencia
Orlando Mijares López tenía 24 años cuando perdió a su padre, José Isabel Mijares. Lo que más extraña no es un objeto ni una palabra específica, pero si recuerda los fines de semana que marcaron su vida.
“Los domingos”, dice, siempre eran de convivencia.
La ausencia se volvió rutina. Pero la esperanza no se ha extinguido.
“Esto no fue un accidente”, afirma con firmeza.
Y aunque 23 restos han sido recuperados y dos siguen en proceso de identificación, la exigencia permanece intacta: rescate total y justicia.
"Yo ya no quiero dinero”
Ada Griselda González, viuda de Eliud Valero, habla con serenidad cansada. Relata que la vida tuvo que seguir, que los hijos crecieron, que aprendieron a asimilar el duelo, pero la falta de un cuerpo les impide superar la pérdida.

“Yo ya no quiero dinero. Yo lo que quiero es vida, vida y salud para continuar. Y que me lo entreguen. Para estar en paz”.
Explica que se han llevado a cabo pruebas de ADN, que saben que los restos entregados corresponden a quienes se han identificado. Pero aún espera su turno. Su consuelo.
Habla de justicia con resignación al conocer que es poco probable que exista un castigo penal para Germán Larrea, propietario de Grupo Minera México.
“Ponerse con ese señor… es muy difícil. Nunca le vamos a ganar”.
Aun así, reconoce que el rescate avanza como nunca antes. Y deposita su confianza en que la presidenta Claudia Sheinbaum —con quien se reunirán nuevamente este viernes en un encuentro privado solicitado por las propias familias— para que mantenga el compromiso de no detener las labores hasta recuperar al último minero.
“No quitamos el dedo del renglón”, repite.

La madrugada que no termina
Después del homenaje, los deudos de Pasta de compartieron un refrigerio. Conversaron. Se abrazaron y consolaron mutuamente. Porque volverán.
Este viernes se reunirán con la presidenta para insistir en lo mismo que han pedido durante veinte años: continuar con el rescate y garantizar justicia. Mientras tanto, el campamento quedó en silencio otra vez. Pero no vacío.
En Pasta de Conchos, el tiempo no borra; solo acumula memoria. Y cada 19 de febrero, bajo cualquier cielo —aunque sea rojo—, el dolor vuelve a amanecer.
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